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Las
estrategias constituyen los modos de activar la
operación persuasiva del emisor y de organizar el
contenido del mensaje a partir de la definición del
destinatario, del contexto discursivo, icónico y
situacional. Durante este proceso persuasivo, el emisor
negocia intencionalmente los marcos y contenidos del mensaje
haciendo posible la representación del contenido y su
formato lingüístico-discursivo e icónico.
Las estrategias constituyen los modos de activar la
operación persuasiva del emisor y de organizar el
contenido del mensaje a partir de la definición del
destinatario, del contexto discursivo, icónico y
situacional. Durante este proceso persuasivo, el emisor
negocia intencionalmente los marcos y contenidos del mensaje
haciendo posible la representación del contenido y su
formato lingüístico-discursivo e icónico.
De este modo, el emisor del mensaje lingüístico,
a través de sus exponentes discursivos, reitera,
especifica, generaliza, enumera, compara, contrasta,
enfatiza, mitiga y refuerza el contenido del mensaje con
recursos a menudo yuxtapuestos.
De
ahí que se pueda decir que el mensaje publicitario es
una clase de discurso fundamentalmente estratégico
orientado a la obtención de metas instrumentales y de
resultados pragmáticos que construyen modelos de
valores en los que domina lo afectivo, lo subjetivo, lo
eficaz, lo visible, lo positivo y lo negativo permitiendo al
destinatario la identificación con lo simbolizado por
el producto representado: el mundo de la juventud, la
sofisticación, el prestigio y el éxito
material, entre otros.
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