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"La covada se practicó en toda la América precolombina, incluso en Norteamérica, aunque su principal área de dispersión fue el gran arco que va desde los llanos colombovenezolanos hasta el Chaco, pasando por el Brasil oriental. La costumbre escandalizó a los europeos... pues el padre solía acostarse en una hamaca donde se quejaba por las dificultades que había sufrido en el parto, y recibía regalos de familiares y vecinos, mientras que la madre solía seguir trabajando como si tal cosa. En realidad, era la forma de proclamar públicamente quien era el padre del recién nacido. Su responsabilidad como padre le imponía ciertos cuidados y restricciones especiales para no perjudicar a su hijo. Así ocurría, por ejemplo, entre los avipones del Chaco, donde abundaban los tabúes..., o entre los shoshonis, donde el padre permanecía recluido cinco días en su choza, hasta que se caía el cordón umbilical, sin comer carne, ni sopa. Los padres witotos también tenían que permanecer en reposo hasta que cicatrizaba el cordón umbilical y no podían carne de caza ni tocar sus armas. Entre los bororos de Brasil, el padre se provocaba hemorragias en los pulmones por medio de una varita y desparramaba la sangre por el cuerpo simulando el parto".
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