IN MEMORIAM


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  Francisco Javier González Echenique (1925 - 2004)

"Discurso de Despedida al
Profesor Javier González"

A nombre de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile, tengo la triste misión de despedir los restos de quien fuera nuestro Profesor Emérito Javier González Echenique. Para nosotros resulta especialmente doloroso cumplir con esta tarea por todo lo que don Javier representó para nuestro Instituto de Historia y para quienes fuimos sus alumnos. La mayoría de quienes en la actualidad nos desempeñamos como profesores de dicha unidad académica somos deudores de las enseñanzas de don Javier González y aún más con varios de nosotros creó vínculos de amistad que se mantuvieron inalterables a lo largo de los años. En el ámbito institucional también nos hizo un aporte determinante.

Fue el primer Director del Instituto de Historia y elaboró el marco reglamentario sobre el cual se asentó su funcionamiento durante bastantes años, pero yaantes de eso había sido Director del Departamento de Historia de la antigua Facultad de Filosofía y Educación y allí contribuyó a echar las bases de lo que hoy somos y significamos en el ámbito universitario nacional.          

Esas labores administrativas y directivas las realizó con una gran responsabilidad y dedicación, sin embargo las asumió siempre contra su voluntad pues le resultaban poco atractivas y no sólo eso sino que le significaban una pesada carga. No obstante estuvo dispuesto a asumirlas merced a las presiones de sus amigos y al acendrado sentido del deber que poseía. Consideraba que tenía una responsabilidad frente a la sociedad, a la Universidad y a la Iglesia y que a través de su trabajo como profesor o como director del Instituto estaba retribuyendo parte de lo que a él le habían entregado.

Pero si bien la administración universitaria y el trabajo docente no le era fácil y de hecho le agobiaban, el cultivo de la historia lo satisfacía plenamente y a ella dedicó la mayor parte de su vida. Se interesó por esta disciplina cuando aún era estudiante secundario en el Liceo de los padres alemanes. Allí tuvo como profesor a Jaime Eyzaguirre, quien fue el que le despertó la vocación y lo condujo por los entresijos de esta ciencia en la Facultad de Derecho de la Universidad Católica. Bajo su guía elaboró su memoria de grado Los estudios jurídicos y la abogacía en el reino de Chile, una investigación modelo en el campo de la Historia del Derecho, que todavía hoy tiene plena vigencia y no ha sido superada. En esa Facultad, al lado de Jaime Eyzaguirre, con quien tuvo una estrecha amistad, se inició como profesor, destacándose de manera especial en la dirección de memorias y en la secretaría de un instituto de investigaciones históricas y de la revista Historia que aquél había fundado en esa unidad académica. Su vocación histórica se había fortalecido luego de su paso por el Archivo de Indias de Sevilla en 1956, en donde tomó contacto con destacados historiadores españoles y americanos y se sumergió en los papeles correspondientes a la Audiencia de Chile recopilando material que volcaría en diversas publicaciones y de manera especial en la biografía del obispo Manuel de Alday.

A instancias de don Ricardo Krebs, en 1961, don Javier llegó al Departamento de Historia y Geografía antecesor del actual Instituto a dictar clases de historia de Chile. A partir de ese momento se vinculó a esta unidad académica, permaneciendo en ella hasta su jubilación. Por muchos años fue el verdadero guía de esta unidad, pero no sólo por el cargo administrativo de Director que desempeñó, sino por el liderazgo espiritual que ejerció, sin proponérselo, pero que todos aceptábamos como algo natural. Don Javier, no obstante su timidez, tenía una especie de áurea de la que irradiaba bondad y que hacía que todo el mundo lo respetara y requiriera de su opinión sensata y equilibrada.

Con don Javier se va un hombre excepcional. Lo admirábamos profundamente porque rara vez se pueden encontrar en una persona tantas virtudes reunidas. Cultivó su inteligencia con una dedicación sistemática al estudio. Era en realidad un hombre sabio, al que siempre estábamos consultando, sobre los temas más variados, pues sabía de todo, pero de manera especial historia, arte y literatura española. Poseía un notable buen criterio, que nos llevaba a acercarnos en busca de su consejo, siempre atinado. Su generosidad era proverbial, especialmente la relacionada con el ámbito intelectual. Siempre estaba dispuesto a revisar un artículo, a responder preguntas, a estimular las investigaciones y trabajos de los demás. Pero, a varios de nosotros lo que más nos impresionaba era su extraordinaria bondad. Jamás le escuchamos una reacción destemplada, una palabra dura o hiriente, una opinión descalificadora de alguien y por el contrario, siempre, de manera muy comedida, nos llamaba la atención cuando alguno de nosotros llevado de su temperamento se sobrepasaba en sus juicios u opiniones. Ese comportamiento de don Javier respondía al cultivo de los valores cristianos. En el fondo lo que hacía era tratar de cumplir con las obligaciones que la fe y la Iglesia imponen a los fieles. Toda su vida giraba en torno a esos principios.

Para nuestra generación, don Javier fue el gran maestro, en el más amplio sentido de la palabra. En mi caso particular, desde que lo conocí, hacia 1964, me marcó profundamente, al extremo de que buena parte de lo que soy desde el punto de vista profesional se lo debo a él. Estoy cierto que otros amigos piensan en ese aspecto de manera muy similar en relación con su caso particular. Don Javier nos inculcó el entusiasmo por la investigación. Nos hizo comprender el papel de las fuentes. Nos precavió contra las grandes teorizaciones que no fluyen de las fuentes sino de la cabeza del historiador. En fin, nos inculcó algunas dosis, como él decía, de “sano escepticismo”, con respecto a la determinación de las verdades históricas.

Hace 4 años el Consejo Superior de la Universidad Católica por unanimidad le concedió a don Javier, el grado honorífico de Profesor Emérito de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política. La Universidad otorga este reconocimiento a un profesor que se ha destacado por su actividad docente y de investigación por más de 20 años y que por su dedicación a la casa de estudios y por las relevantes condiciones de maestro puede ser un modelo para las jóvenes generaciones. Pocas veces es posible encontrar una persona que hubiera cumplido mejor con esos requisitos para merecer dicho reconocimiento.

Si bien a partir de ahora don Javier no estará físicamente con nosotros, su obra histórica, su recuerdo y ejemplo de vida permanecerá siempre en nuestros corazones.

 

René Millar Carvacho
Decano


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