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Coloquio Pablo Neruda y el Mundo

Poesía y Política en Pablo Neruda


Alfredo Riquelme Segovia


Introducción

Participo en esta jornada de estudio como alguien que ha investigado y reflexionado sobre la ideología[1] y el imaginario[2] de la izquierda chilena del siglo XX, al tiempo que ha sido desde su adolescencia y continúa siendo en la actualidad un lector apasionado de Pablo Neruda, conservando un profundo aprecio por la dimensión política o ciudadana de su poesía

Recordé a menudo la poesía de Neruda cuando intentaba terminar de escribir hace un par de años los capítulos de mi tesis de doctorado dedicados a bosquejar las características de la subjetividad política de los comunistas chilenos en el contexto ideológico de la izquierda mundial y de la cultura chilena durante el siglo XX.

La interpretación histórica de la dimensión política de la obra de un poeta comunista enfrenta un conjunto de obstáculos metodológicos específicos, que es preciso considerar para intentar sortearlos con éxito. El hecho de que el comunismo, tanto a nivel nacional como mundial, fuera hasta la segunda mitad de la década de 1980, un protagonista de la disputa hegemónica global en los ámbitos político y social, hacía de la interpretación de sus discursos y de sus actos no sólo un tema académico, sino parte de la propia lucha por el poder en el mundo. La adhesión y el rechazo al comunismo extendían sus visiones al ámbito académico.

Es por eso que, a nuestro juicio, no cabe más que coincidir con el historiador de las ideas políticas contemporáneas Philippe Buton, cuando –al referirse a los estudios sobre el comunismo- afirma que “el propio campo científico estaba contaminado por las expectativas políticas de unos o de otros”[3] . En la actualidad, como lo muestra este mismo coloquio, esas contaminaciones se han ido atenuando; aunque los ecos de la guerra fría todavía resuenan en no pocos análisis y relatos.

Es importante precisar que optar –como lo hacemos- por la superación de enfoques ideologizados, no debe confundirse con la negación a dimensionar y valorar, desde una perspectiva histórico – ética, las grandes tragedias políticas y humanas que comunistas y anticomunistas representaron durante el siglo XX[4] .

El debate en torno al comunismo ha afectado la valoración de la dimensión política de la poesía nerudiana, llevando muchas veces a orientar la mirada preferentemente a los aspectos más obvios de la expresión en ella de su militancia.

Ciertamente, podríamos dedicar largas horas a la lectura de fragmentos de poemas en los que Neruda volcara su adhesión al que sería su partido durante cerca de tres décadas, al movimiento mundial del que formaba parte, a los países en que gobernaba, a sus dirigentes y figuras emblemáticas. Y otras tantas horas podríamos dedicar a la lectura de otros fragmentos de poemas en que Neruda execrara a quienes lo combatían.

El partido era “metal inalterable”, “unidad de los dolores”, “fortaleza del hombre”, “camino hacia mañana”[5] . De Stalin escribiría con entusiasmo que “… alza, limpia, construye, fortifica, / preserva, mira, protege, alimenta, / pero también castiga”[6] . Después, cuando las dimensiones y la profundidad de esos castigos hicieron imposible la ceguera voluntaria frente a ellos, Neruda dedicaría largas páginas al fenómeno[7] y afirmaría: “De una manera transitoria / ayer se murió la verdad”[8] , para agregar que, a pesar de todo, los comunistas “encarnamos el mar que continúa: / … / un minuto de sombra no nos ciega: / con ninguna agonía moriremos”[9] .

Pero no era en esos o muchos otros pasajes análogos de la obra nerudiana en los que yo pensaba mientras intentaba acabar de escribir los capítulos de la tesis a la que ya he hecho referencia. Era en otros pasajes, tan intensamente comprometidos social y políticamente como los ya citados; pero donde ese compromiso no tenía como objeto a las organizaciones, los estados o los liderazgos comunistas del siglo XX; sino al largo combate por convertir a los seres humanos considerados víctimas de la historia en sujetos de la historia, en protagonistas de su emancipación.

Esos pasajes contrastaban con los contenidos de las fuentes que había escogido: documentos partidarios junto a discursos y artículos de sus dirigentes. En cada uno de éstos se expresaba esa ideología global estructurada como una ciencia de la revolución, como un conjunto fuertemente organizado y jerarquizado de conocimientos acerca de cómo hacer realidad el traspaso del poder desde los capitalistas a los trabajadores[10] . En cambio, la utopía que los comunistas chilenos han compartido con socialistas y también con muchos demócratas laicos y cristianos, y que daba sentido a la lucha por ese traspaso de poder, no adquiría forma en esas fuentes. En cambio, se reiteraban una y otra vez cual era el camino hacia ella y cuales los medios necesarios para acceder a ese fin que se difuminaba.

La utopía no tuvo en la ideología institucional comunista una importancia semejante a la que sí ha tenido en el imaginario de los comunistas. Comunistas que en el Chile de la época de Pablo Neruda no pueden ser reducidos a la sola condición de militantes de una organización totalitaria, porque también entonces ser comunista en nuestro país fue un modo (entre otros, como también lo fue ser católico o socialista, masón o republicano) de vivir la ciudadanía y de participar en la construcción de una nación a la altura del mundo contemporáneo.

Esto es así porque la ideología de las organizaciones comunistas, en cuyo marco se legitiman y modifican sus liderazgos, es –como ya hemos afirmado- una narración acerca del camino correcto y de los medios necesarios para acceder a ese ideal mucho más que una descripción o celebración de la utopía. Es así como los partidos comunistas toleraron respecto de la visión de la sociedad ideal toda la diversidad que no toleraban en su visión del mundo real cuya descripción y comprensión toleraba sólo una narración correcta.

Y sin embargo sabíamos que la dimensión utópica ha tenido un amplio espacio en el imaginario de los comunistas en Chile (y desde luego, en el mundo entero), constituyendo incluso el fundamento ideal de toda su construcción ideológica. Y que ese imaginario no separaba a los comunistas de otras identidades que se han extendido entre la izquierda y el centro de la política chilena, como sí lo hacía su ideología, sino que los integraba en una identidad colectiva más amplia y compleja que compartían.

Y lo sabíamos también porque desde nuestra adolescencia nos habíamos encontrado con esa utopía y la narrativa histórica que desde ese horizonte se trazaba, en la mejor poesía política, histórica y utópica de Neruda, tan distinta a ese relato que encontrábamos en nuestras fuentes sobre la historia en marcha que tenía como protagonista a la propia organización comunista y como antagonistas –o aliados más o menos ocasionales- a las otras organizaciones, instituciones, poderes, sujetos colectivos y individuos que participan en la lucha por el poder.

Sentía que había más en la subjetividad política de los comunistas chilenos que lo que las fuentes que había investigado revelaban. Y un origen de esa convicción que me incomodaba respecto al resultado que hasta entonces había alcanzado con mi trabajo yacía en la experiencia de la lectura de la obra nerudiana, en la cual coexistían la presencia de esa ideología institucional comunista a la que ya nos referimos, con la expresión de un imaginario que la trascendía y le ha sobrevivido.

Ello me motivo a cambiar el enfoque y la conceptualización de mi tesis, poniendo atención a la distinción entre ideología e imaginario. Y me hizo quedar en deuda con el poeta en cuya obra sentí esa diferencia, deuda que con esta reflexión quisiera comenzar a saldar.


Neruda, poesía y política, historia y utopía

La breve incursión que intentaremos en la dimensión histórica y utópica de la obra nerudiana desde que recibiera el impacto de la Guerra de España en 1936 hasta su muerte tras el golpe de Pinochet en 1973, descansará casi exclusivamente en algunos fragmentos de su poesía, considerando apenas otros géneros o discursos en que Neruda también expresó extensa e intensamente su compromiso político y ciudadano.

En la poesía política de Neruda, la resistencia precedió a la historicidad y a la utopía. El origen de su compromiso militante, como para tantos intelectuales, escritores y artistas de esa época, fue el antifascismo encarnado en la lucha de la España republicana:

“… por qué su poesía / no nos habla del sueño, de las hojas, / de los grandes volcanes de su país natal? / Veid a ver la sangre por las calles, / venid a ver la sangre por las calles, / venid a ver la sangre por las calles!”[11]

En esta ocasión, queremos reflexionar sobre la base de algunos fragmentos de su obra tan vasta como multidimensional, acerca de la imbricación entre historia y utopía en Neruda, dimensiones que enriquecen su poesía política.

A pesar de la evidente atracción que ejercen sobre la imaginación poética de Neruda los heróes y líderes que retrata en cantos y odas; la historia y la utopía en Neruda están imbricadas por el pueblo, los trabajadores, los más sencillos.

En ese sentido, Neruda expresa poéticamente ciertas convicciones compartidas globalmente por la intelectualidad izquierdista de su época.

Bertolt Brecht pregunta “Tebas, la de las Siete Puertas, ¿quién la construyó? / En los libros figuran los nombres de los reyes. / ¿Arrastraron los reyes los grandes bloques de piedra?” o “¿En qué casas de la dorada Lima vivían los obreros que la construyeron?”[12] .

Neruda también pregunta: “Piedra en la piedra, el hombre dónde estuvo?”, “Macchu Picchu, pusiste / piedra en la piedra, y en la base, harapo?”; y se lanza a la búsqueda de esos olvidados “pequeños párpados’ que “se cerraron”, para exigir a la “Alta ciudad de piedras escalares”:”Devuélveme el esclavo que enterraste!”, estableciendo una comunión a través de “edades ciegas, siglos estelares” entre las víctimas de la historia de entonces, el poeta y los que en la actualidad luchan por emanciparse[13].

Horkheimer había escrito: “Es amargo ser desconocido y morir en la oscuridad. Iluminar esa oscuridad es el honor de la investigación histórica”[14] . Neruda demostraría que esa luz también la puede portar la poesía.

Es notable la convergencia que puede establecerse entre la comunión nerudiana a través de las edades y las reflexiones de Walter Benjamin respecto a los vínculos entre historia y utopía, entre invención del futuro y rememoración del pasado, entre salvar del olvido a los vencidos y continuar su lucha emancipatoria.

“… la imagen de la felicidad es inseparable de la imagen de la liberación. Ocurre lo mismo con la imagen del pasado que la Historia hace suya. El pasado trae consigo un índice secreto que lo remite a la redención. ¿No nos sobrevuela algo del aire respirado antaño por los difuntos? ¿Un eco de las voces de quienes nos precedieron en la tierra no reaparece en ocasiones en la voz de nuestros amigos? ¿Y la belleza de las mujeres de otra época no deja acaso de unirse a la de nuestras amigas? Existe un acuerdo tácito entre las generaciones pasadas y la nuestra. Nos han aguardado en la tierra. …[15]

En la obra nerudiana, la emancipación para la que nos han aguardado las generaciones vencidas que no dejaron de luchar es -en el mundo contemporáneo- la liberación de la humanidad del capitalismo. Ese capitalismo que el poeta denuncia de las más diversas maneras y en los más variados tonos.

Este sistema es retratado en la Oda en que el poeta exige al aire: “no te vendas, / que no te canalicen, / que no te entuben, / que no te encajen / ni te compriman, / que no te hagan tabletas, / que no te metan en una botella”[16] .

Si Marx argumentó que la dinámica del capitalismo conduce a un mundo en el cual “todo lo sólido se desvanece en el aire”[17] , Neruda, en su Oda al Aire, argumentará que el propio aire, reducido a mercancía, se disuelve para el pueblo, los proletarios los desposeídos.

Con los botones de muestra que hemos presentado hemos querido compartir una aproximación a la dimensión política de la poesía de Neruda que nos abra a una comprensión de ésta que logre trascender su reducción a una expresión estrecha de su militancia, para insertarla en un debate que continúa y continuará acerca de los vínculos entre la literatura, la memoria, la historia y la utopía.

Una visión de la dimensión política de la poesía de Neruda que distinga entre la poética ideológica del militante, que hoy es para nosotros sobre todo el testimonio de un modo de instalarse políticamente en una época que ya terminó; y la poética cargada de historia y utopía del ciudadano, que continúa siendo fuente de emoción e inspiración en medio de una historia que sigue tensionada entre realidades e ideales.

Porque aunque el movimiento ideológico global al que Neruda adhirió emergió y se desplomó en las fronteras del siglo XX; el poeta y Doctor Honoris Causa de nuestra universidad (1969), no se equivocó cuando afirmó en el Estadio Nacional, al regresar a Chile tras recibir el Premio Nobel de Literatura en 1971, “…que la vida, la lucha, la poesía, continuarán viviendo cuando yo sea sólo un pequeño recuerdo en el luminoso camino de Chile”[18] .


En efecto, aunque más de algo de su poesía militante resulta difícil de declamar en la actualidad; la poesía política y social de Neruda orientada a la remembranza y a la emancipación continúa teniendo mucho que decirnos, como también los pasajes de su obra en que se denuncian inequidades e iniquidades que –si no dejamos de mirar afectados por otras cegueras voluntarias- podemos reconocer cotidianamente en el mundo en que actualmente vivimos[19] .

[1] Para realizar esa tarea decodificadora e interpretativa, entendemos el concepto de ideología como un sistema más o menos estructurado de concepciones que conforman el comportamiento sociopolítico de un grupo más o menos amplio de seres humanos en consideración a un orden deseado de la sociedad, sobre la base de un conjunto de certezas y/o valores, así como de experiencias compartida por esos seres humanos. Cfr., Alfredo Riquelme Segovia, Comunismo Mundial y transición chilena. La incidencia de un fenómeno global en un proceso político nacional durante el siglo XX, Tesis Doctoral, Departamento de Historia Contemporánea, Facultad de Geografía e Historia, Universitat de València, Valencia, 2003.
[2] Cfr. Evelyne Patlagean, “La historia de lo imaginario”, en Jacques Le Goff, Roger Chartier y Jacques Revel (dirs.), La Nueva Historia, Ediciones Mensajero, Bilbao, 1984, pp. 302 – 323. El uso de este concepto en la historiografía se origina en el reconocimiento de que la vida de los individuos y los colectivos en la sociedad no se limita a las realidades materiales o tangibles, sino que comprende representaciones del propio lugar y del papel que se desempeña en la sociedad. El imaginario es, de esta manera, el conjunto de esas representaciones que se constituyen en las esferas, no sólo de las ideologías, sino también de la cultura y las mentalidades. Sobre el concepto de cultura cfr. Terry Eagleton, La idea de cultura. Una mirada política sobre los conflictos culturales, Paidós, Barcelona, 2001. Acerca del uso del concepto de mentalidades en la historiografía, cfr. Philippe Ariès, “La historia de las mentalidades” en Jacques Le Goff, Roger Chartier y Jacques Revel (dirs.), op. cit., pp. 460 – 481. Para una reflexión sobre la relación entre ideologías y mentalidades cfr. Michel Vovélle, Idéologie et mentalités, Maspero, París, 1982.
[3] Philippe Buton, “L’entretien entre Maurice Thorez et Joseph Staline du 19 novembre 1944. Méthodologie et historiographie de la stratégie communiste a la Libération”, en Communisme, 45- 46, 1996, p. 9. Traducido por Alfredo Riquelme.
[4] Para una interpretación histórico - ética del comunismo y otras ideologías del siglo XX, cfr., Jonathan Glover, Humanidad e inhumanidad. Una historia moral del siglo XX, Cátedra, Madrid, 2001.
[5]
Pablo Neruda, Obras Completas, Losada, Buenos Aires, Tercera Edición, 1967, Tomo I, p. 447.
[6] Ibíd., p. 570.
[7] Neruda hace suyo el dolor de los familiares de los desaparecidos bajo Stalin, con palabras que expresan lo que sentirían también las familias de los desaparecidos en Chile bajo Pinochet: “Alguien faltaba, pero no podía / la madre, el padre, el hermano, la / hermana, / mirar el hueco de la ausencia atroz: / el sitio del ausente era un estigma: / no podía mirar el compañero / o preguntar, sin convertirse en aire, / y pasar al vacío, de repente, / sin que nadie notara ni supiese”. (Ibíd., Tomo II, p. 642).
[8] Ibíd., Tomo II , p. 639.
[9] Ibíd., Tomo II , p. 647.
[10] La ideología del comunismo chileno tiene su origen histórico en la adopción del socialismo por parte de los segmentos más politizados del movimiento obrero chileno durante la primera década del siglo XX. Por socialismo, entendemos a una de las grandes ideologías contemporáneas que se caracteriza por aspirar a la abolición de la economía capitalista y su reemplazo por un sistema basado en la propiedad social de los medios de producción, lo cual exigía el traspaso del poder de las clases propietarias a las clases trabajadoras.
[11] Pablo Neruda, Obras Completas, Losada, Buenos Aires, Tercera Edición, 1967, Tomo I, p. 277.
[12] Bertolt Brecht, “Preguntas de un obrero ante un libro”, en Bertolt Brecht, Poemas y canciones, Alianza, Madrid, 1979, p. 91.
[13] Pablo Neruda, Obras Completas, Losada, Buenos Aires, Tercera Edición, 1967, Tomo I, pp. 335 – 348. Sobre “Alturas de Macchu Picchu, cfr. Hernán Loyola, Ser y morir en Pablo Neruda, Editora Santiago, Santiago, 1967.
[14] Citado por Michael Lowy, Walter Benjamin. Aviso de incendio, FCE, Buenos Aires, 2002, p. 58.
[15] Citado por Michael Lowy, op. cit. , FCE, Buenos Aires, 2002, pp. 54 – 55.
[16] Pablo Neruda, op. cit., Tomo I, p. 1010.
[17]
Citado por Marshall Berman, Aventuras marxistas, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003, p. 90.
[18] Citado por Alejandro San Francisco, Neruda. El Premio Nobel chileno en tiempos de la Unidad Popular, Centro de Estudios Bicentenario, Santiago, 2004.
[19]
Como escribiera Norberto Bobbio tras el derrumbe del comunismo: “El comunismo histórico ha fracasado … . Pero los problemas permanecen; esos mismos problemas que la utopía comunista señalaba y se proponía resolver existen ahora –o existirán muy pronto- a escala mundial. Es por eso que sería ridículo … frotarse las manos diciendo: ‘siempre lo dijimos’. ¿Piensa realmente la gente que el fin del comunismo histórico ha puesto fin a la pobreza y a la sed de justicia? …. La democracia … ha superado el desafío del comunismo histórico. ¿Pero qué medios y que ideales tiene para hacer frente a esos mismos problemas de los que nació el desafío comunista?‘Ahora que ya no hay bárbaros –dijo el poeta- ¿qué será de nosotros sin ellos?’ ”. Norberto Bobbio, “La utopía al revés”, en Robin Blackburn (ed.), Después de la caída. El fracaso del comunismo y el futuro del socialismo, Crítica, Barcelona, 1993. pp. 23 – 24.


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