| EXTENSIÓN |
Portada | Instituto | Estudiantes | Investigación | Extensión | Publicaciones | Textos Digitales | Fortaleciendo vínculos | Noticias |
| -
Seminario: "El Mediterráneo antiguo"
- Ponencias de Coloquios, Seminarios y Conferencias - Enlaces
|
Armando de Ramón: génesis de una especialidad Angélica Illanes Conocí a Armando de Ramón en el departamento de Historia Económica y Social de la Universidad Católica, en los años 70. Se trató de una experiencia académica muy enriquecedora y especialmente significativa, por el hecho de haberse podido instalar, en el seno de una escuela de historia tradicional, un departamento que pretendía abrir una cuña en dicha tradición y comenzar a producir una historia basada en las nuevas categorías de “lo social y lo económico” y sus relaciones críticas. Allí se comenzó a gestar el libro, “Labradores, peones y proletarios” de Gabriel Salazar, los estudios sobre los circuitos comerciales coloniales y sobre el capitalismo de Carlos Sempat Assadourian y los estudios sobre la vida social y económica de Chile colonial de Armando de Ramón, tres notables historiadores e investigadores que trazaron profunda huella. Sus enfoques diferían entre sí. Mientras Sempat Assadourian estudiaba la estructura del modo de producción y Gabriel Salazar la constitución de sujeto campesino, ambos desde la perspectiva de un marxismo “revisionista”, fruto de los planteamientos que se estaban produciendo en el marxismo desde el horizonte crítico de la Escuela de Frankfurt, Armando de Ramón seguía sus propios derroteros, mucho más cercanos a la Escuela de los Anales. Desde esta perspectiva, su aproximación a la historia social y económica optaba por hacerla, no desde el “modo de producción” y “las relaciones sociales de producción”, sino más bien interesándose por develar la estructura social de una época histórica determinada, desde la perspectiva de la circulación de bienes económicos y de los flujos de relaciones parentales, así como también el estudio del asentamiento social territorial, efectuando levantamientos archivísticos monumentales que le otorgaban extraordinaria solidez a sus investigaciones. Constituye, pues, quizás, una experiencia única esta armoniosa convivencia entre dos tendencias de la historia económica y social, tal como se dio en ese departamento de Historia Económica y Social de la Católica. Pero hay que hacer notar que esta convivencia de escuelas historiográficas se pudo, sin duda, realizar gracias a las extraordinarias dotes de la personalidad de Armando de Ramón, quien trabajaba muy seguro sobre su terreno, manteniendo un respeto sin condiciones por otras tendencias de la historiografía, tanto dentro como fuera del departamento de Historia Económica y Social. Fue esta actitud ecuménica hacia la historiografía en general lo que, asimismo, abrió la posibilidad de la permanencia de Armando en el Instituto de Historia de la Universidad Católica después del golpe militar, a pesar de haber sido marginado de la docencia durante largos años en este período de la historia de Chile. Hoy nos inspira la figura de Armando de Ramón, quien ha dejado profunda huella en la historiografía. Al revisar su trayectoria, cobra para mí especial interés el proceso de su gestación y desarrollo como investigador, para lo cual tuvo admirable dedicación y vocación. Uno de los aspectos notables de su trayectoria, es que ella nos muestra claramente las marcas de la génesis de su formación académica, mostrando notablemente como cristalizan en la investigación la cosmovisión y formación conceptual del sujeto que investiga. Mi intención es aquí revisar algunos de los escritos tempranos de Armando, indagando aspectos de la genealogía de su trayectoria, hasta su Historia de Santiago. A pesar de notable historiador, Armando de Ramón estudió, como carrera base, derecho. Este lenguaje y bagaje conceptual se expresó claramente en uno de sus primeros trabajos historiográficos publicado en el N° 1 de la revista Historia y que tituló “La Institución de los Censos de los Naturales en Chile (1570-1750)" que toma como punto de partida el Derecho Indiano en el aspecto en que éste les reconocía a la “república de naturales” una participación en la producción de oro, los sesmos de oro, riquezas que terminaron siendo enajenadas a los españoles a través de la figura financiera de los censos o préstamos. A través de este escrito, apoyado en un levantamiento archivístico que cubre casi dos siglos (1570-1750), Armando de Ramón somete a un texto legal a la historicidad de su aplicación real, mostrando las contradicciones y distorsiones históricas a que se ve sometido, situándose en un plano de significación crítica. La historia del derecho pierde, aquí, su idealidad al historizarse, transformándose la ley en un campo de construcción de realidad que revela no la justicia, sino la injusticia, no la ley, sino el resquicio legal, no la participación en los beneficios, sino la pérdida y la usurpación. Armando de Ramón transforma aquí la temática jurídica en un tema histórico social. Lo que interesan son las relaciones de dominación social que se producen y reproducen en el seno de la propia legalidad. Armando hace del derecho y de la historia institucional un campo de análisis social, convirtiéndose, desde ya, en un historiador social hacia la década de 1960. A través de este estudio, Armando realiza una importante contribución a la historia social de la colonia, época histórica que hacia la década de 1960 se estaba sometiendo a revisión crítica, especialmente a través del paso de la historia institucional a la historia social. Se trataba de un momento relevante dentro de la historia de la historiografía latinoamericana, que generó importantes colonialistas, los que, bajo la nueva mirada de la historia social y bajo la inspiración del “indigenismo latinoamericano” de los años 60, comenzó a producir importantes escritos en torno a la historia indiana y de las relaciones sociales entre indígenas y españoles en América colonial. Convertido a la historia social y movido por el interés de profundizar en este nuevo objeto de su estudio cual era la “sociedad”, Armando de Ramón realiza estudios de sociología en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, formación que, a su vez, aplicará a la investigación histórica. Fruto de este nuevo interés fue la publicación de su estudio el año 1964 titulado “La sociedad española de Santiago de Chile, entre 1581 y 1596” que añade, entre paréntesis: “Estudio de grupos”. En este texto Armando de Ramón se interesa por el estudio de la formación de la aristocracia chilena en la temprana época de la conquista, proponiendo una mirada dinámica acerca de la constitución de estos grupos, desde la historicidad de sus interrelaciones mutuas. Aquí Armando impugna la visión “esencialista” de una aristocracia fundante, la que, lejos de haberse constituido de una vez y para siempre, habría estado expuesta a un proceso continuo de construcción, a través de un proceso y fenómeno de movilidad ascendente y descendente, especialmente en el curso del siglo XVIIy XVIII. Armando hace uso, aquí, de un lenguaje sociológico en su preocupación por la determinación de determinados “criterios de estratificación” al interior de uno de los grupos de la sociedad chilena que para él tuvo también mucho interés, la sociedad santiaguina colonial, superando los moldes genealogistas en una búsqueda por desentrañar las relaciones en su interior y por la configuración de la dinámica propia de dicho campo social. Armando manifiesta, explícitamente aquí, su interés por “hacer ciencia” frente a los estudios puramente “subjetivos” que hasta entonces predominaban en el ámbito de los estudios sobre la aristocracia colonial chilena. En su interés por constituir a este segmento social en un “objeto científico”, utiliza para ello la categoría de “grupo”, entendiendo por tal a “un número determinado de personas, conscientes de su unidad y capaces de actuar en un medio ambiente en una forma común y en un sentido determinado”. “Pensamos, agrega, que se trata de entidades dinámicas, que tienen conciencia de los demás miembros que la componen y que están guiadas por normas de conducta aceptadas colectivamente”, las que les permiten “alcanzar expectativas comunes y deseadas por todos sus miembros” [1]. Estamos aquí ante un lenguaje sociológico que se centra en el análisis interno de un “grupo” con “conciencia de sí”: una suerte de “clase” sin relaciones sociales de producción, esto es, sin marxismo. “Descubrí la historia urbana mientras trabajaba en la 'promoción popular'", me dijo alguna vez Armando en alguna conversación informal. A través de dicha experiencia socio-política Armando habría descubierto la ciudad, impresionado de ella como categoría configuradora de la sociedad, de su calidad y forma de vida y de su estratificación. Esta experiencia sin duda se articuló fructíferamente con su estudio de la sociedad chilena antes mencionado, donde, según sus propias palabras, “la magnitud de los datos que aparecieron respecto a bienes raíces, constitución de la propiedad urbana y sobre el proceso de reedificación de la ciudad de Santiago de Chile en la segunda mitad del siglo XVII, hicieron necesario separar este tema y constituirlo en una obra aparte” [2]. Obra aparte y primera que trazará el camino y la vocación historiográfica de Armando de Ramón identificada como “historia urbana”. Con aquel gran acopio de datos en la mano, de Ramón levanta el plano de la ciudad de Santiago del siglo XVIII; no obstante tan importante aporte, Armando puntualiza que no es su interés el mero trazado de calles, sino el desentrañar “lo que entonces se entendía por urbano”, poniendo de relieve la funciones propias de la ciudad, constituyendo un modelo dinámico de desarrollo, capaz de “imponer, a través de él, una determinada estructura económica y social al país” [3]. De este modo, Armando de Ramón, apoyado en las disciplinas de la sociología y economía urbana, interesada en el estudio de la distribución de las funciones socio-económicas del espacio en el ámbito de la ciudad industrial moderna, construye su nuevo objeto de estudio, la ciudad de Santiago colonial. A través de un levantamiento archivístico monumental (1568 escrituras públicas otorgadas ante escribano), que determina, casa por casa y calle por calle, los habitantes de Santiago durante medio siglo, así como sus edificios públicos, sus paseos, sus barrios social y espacialmente diferenciados y su arquitectura, de Ramón entrega un perfil de Santiago del XVIII, que define como una ciudad “modelada por los mercaderes” que se habrían asentado allí en dicho siglo. Contrastaba, por una parte, la “ciudad castellana y barroca”, con sus “edificios hechos a todo costo”, con puertas de calle con torre y armas reales “embebidas en láminas de bronce” y, por otra, “la ciudad de las clases bajas, la periferia, la anti-castellana, donde apenas se apreciaban las huellas de la metrópoli colonizadora, con sus casas maltratadas, viejas y caídas” que constituían “el extramuros de esta ciudad” [4]. Si bien este trabajo consistirá básicamente en la publicación del “catastro de propiedades” de Santiago entre 1650 y 1700, el objetivo final de Armando, ya señalado aquí, era historiar la sociedad de Santiago colonial. Contaba ya con la base de datos fundamental para continuar con el camino ya trazado con este trabajo en su carrera historiográfica: la historia urbana de Santiago de Chile. Muchos otros trabajos siguieron a éste relativos a la temática urbanística de Santiago, constituyéndose Armando no sólo en un investigador histórico notable, sino, asimismo, en un asesor especializado de la política urbanística de Santiago en todo lo relacionado con su patrimonio cultural histórico. Entre los trabajos que publicó al respecto, cabe mencionar “Santiago de Chile, 1850-1900. Límites urbanos y segregación espacial según estratos”, “Historia urbana: una metodología aplicada”, con Patricio Gross, “Imagen ambiental de Santiago, 1880-1930” y “Santiago de Chile. Características histórico ambientales, 1881-1924”, así como también “Estudio de una periferia urbana. Santiago de Chile, 1850-1900” y “Significado y destino de las plazas chilena”. Todo este trabajo culminó con su obra más querida, Santiago de Chile (1541-1991). Historia de una sociedad urbana [5], en la que recorre, en estilo narrativo, toda la historia de Santiago, desde su fundación a nuestros días. En esta obra, a más de entregarnos un cuadro rico y muy bien escrito de la vida de Santiago desde el momento de su fundación, Armando entrega uno de los argumentos centrales de la obra, cual es lo que, a su juicio y desde la perspectiva de la historia urbana, fundamenta la primacía histórica de Santiago sobre el resto de las ciudades del país, lo que constituiría la base de su “capitalidad”. Avalaba, según escribe de Ramón, dicha primacía el hecho de que Santiago podía sustraerse, por su distancia, del teatro de la guerra de Arauco, constituyéndose en “ciudad de paz”, jugando un doble papel de “proveedora y sostenedora de la conquista” y “lugar de refugio, recreo y descanso”; todo lo cual habría convertido a Santiago ”en el arquetipo y paradigma de la tranquilidad y paz, el lugar más seguro del Reino” [6]. Con el correr de la colonia, Santiago habría llegado a ser la ciudad “más rica, extenso y prestigiosa y, por lo tanto, la más importante del país”, atrayendo a gran cantidad de habitantes, habiendo cuadruplicado su población en poco más de cien años [7]. Esta primacía que se habría consolidado en el siglo XIX, luego de la guerra de independencia nacional, avalado por el hecho de haber sido la ciudad menos destruida con las guerras de independencia y por el hecho de haber controlado el poder político del país a partir de 1830; hecho que le habría permitido “controlar la expansión del territorio y la inversión de la riqueza nacional a impulsos de una especie de ‘imperialismo’, del cual ella era la responsable pero también la principal beneficiaria” [8]. Hacia el siglo XX Santiago es caracterizada por de Ramón como “ciudad de masas”, fruto de un explosivo crecimiento de su población, como resultado de la crecientes migraciones desde el resto del país, con los consiguientes problema que acarrea su crecimiento explosivo en nuestro siglo. A través de esta obra de fascinante lectura, Armando recorre no sólo la historia de Santiago, sino que, a través de ella, transita la historia nacional. Armando hace, así, historia general desde la localidad capitalina, Santiago, a la que Armando sitúa entre una de aquellas que “distingue y honra a las grandes ciudades históricas de todos los tiempos” [9]. A través de estas y muchas otras obras, entre las que cabe mencionar Orígenes de la vida económica chilena, 1659-1808 (1982), Biografías de chilenos (5 volúmenes) y Historia de América (tres tomos) y su reciente Historia de Chile, publicada poco antes de morir en marzo del 2003, Armando de Ramón alcanzó el sitial historiográfico más alto conferido ya por el Premio Nacional de Historia en 1998. Por sus encantadoras dotes como persona, alcanzó, asimismo, el sitial más alto en nuestros corazones.
[1]
Armando de Ramón, “La sociedad española de Santiago
de Chile entre 1581 y 1596. (Estudio de grupos), Historia, N° 4,
1964, p. 194 Portada
© 1996-2003 Instituto de Historia,
Pontificia Universidad Católica de Chile
Todos los Derechos Reservados |