"Cicerón,
último republicano de Roma antigua"
Nicolás Cruz
Busto de Marco Tulio Cicerón
Marco
Tulio Cicerón nace en Arpino, pequeña ciudad del norte
itálico, en el año 106 a.c. Es importante destacar su
origen provincial, pues Roma, eje político del Imperio, consideraba
que solo ciudadanos romanos eran los indicados para gobernar. Mario,
destacado militar que llega a cónsul, nació en la misma
ciudad periférica que Cicerón; ambos realizan una activa
vida pública en el Senado romano, teniendo que lidiar con los
prejuicios y burlas de sus compañeros.
Ninguno de los dos pertenecía a la aristocracia que dominada
el Imperio, el grupo de los patricios, obstáculo que Mario
cruzaba al aludir a su pasado de general victorioso. Pero para Cicerón
esto era un tema más complejo, pues a pesar que el modelo de
vida pública o cursus honorium imperante exigía haber
pertenecido al ejército, combinando la política con
lo militar, nunca perteneció a él. Su gran debilidad
fue evitar siempre una actividad en tiempos que grandes militares
se hicieron del gobierno, tales como Pompeyo y Julio Cesar.
La política sedujo tempranamente a Cicerón, y ya en
el 81 a.c. se tienen noticias de su presencia en Roma, ciudad que
lo acoge y lugar en el que desarrollará su carrera de abogado.
Logra ascender, de modo lícito, en el corazón de la
sociedad romana en un período caracterizado por las convulsiones.
Él siglo I a.c. es de mucha importancia para el posterior desarrollo
del Imperio, pues a pesar que ya estaba territorialmente consolidado,
con la mayor parte de sus conquistas ya efectuadas, en vida de Cicerón
se incorporan dos ricas provincias, Egipto y Galia. Julio Cesar, importante
caudillo militar, encabeza estas anexiones, lo que le da gran popularidad
y una conflictiva relación con Cicerón.
Las nuevas provincias acentúan la riqueza de romana, y junto
con esta acumulación aparecen los primeros escándalos
políticos que envuelven al senado. Hasta ese instante los patricios
habían mantenido la fama de honradez que prestigiaba la institución,
pero un episodio ocurrido una provincia africana, Numibia, desata
el escándalo; senadores que ceden ante las tentaciones del
oro al debilitar las medidas de control que desde Roma se imponían.
Esta situación se hizo costumbre en el resto de las provincias,
y el Imperio debe mantener luchas en distintos frentes para poder
mantener la paz y estabilidad. El año 107 a.c. se nombra por
primera vez en el cargo de cónsul, máximo poder ejecutivo,
a un hombre cuyo origen no era aristocrático- Mario- para que
diese fin a la crisis, en particular, a la guerra de Yugurta. A lo
largo del siglo I se profundiza la mala imagen del senado, lo que
generando, a la larga, una situación de ingobernabilidad; el
orden senatorial queda superado, no es ya eficaz como modo de gobierno.
Roma en este período contaba con cerca de seiscientos mil habitantes,
experimentado un proceso de crecimiento fenomenal. Muchos de estos
habitantes habían participado del ejército, como soldados
convocados a las guerras y que luego regresaban a desempeñar
sus actividades cotidianas. Este sistema resultaba eficaz si el lugar
de la lucha estaba en las cercanías, pero con la paulatina
expansión imperial, la distancia hasta los frentes era cada
vez mayor, en puntos tan lejanos como África u Oriente. El
ciudadano romano se hace cada vez más reticente a convertirse
en soldado, ya que abandonaba sus actividades, dejando a su familia
en incertidumbre económica y exponiéndose no sólo
a los peligros del combate, sino que también a los del viaje.
Aparece así la necesidad del soldado profesional, capaz de
estar en batalla por largos períodos, recibiendo remuneración
y haciendo de lo militar su actividad permanente. Los miembros del
ejército dejan de ser, en su primer escalafón, pertenecientes
a la juventud aristocrática, y los estratos populares se adhieren
a las tropas, que siguen siendo dirigidas por la elite.
La relación que el soldado establece con su comandante acaba
siendo de mayor identificación que con la misma Roma, su orden
senatorial y la República, pues el compromiso y fidelidad con
el superior era garantía de remuneración y jubilación.
Estos lazos eran un grave peligro para el Senado, pues en caso de
rebelión militar sería incapaz de defenderse con éxito,
pues carecía de fuerzas capaces de hacerle frente al enorme
poder que los comandantes habían adquirido.
El año 67 a.c. Cicerón, en su calidad de abogado y admirable
orador, defiende a Pompeyo, victorioso general que con su ayuda logra
que el senado le otorgue poderes extraordinarios para la pacificación
del mar Mediterráneo- cuestión económica esencial
si se deseaba barrer con lo piratas y transformar la zona en lago
romano.
La gran capacidad oratoria abre puertas a Cicerón, su profesión
de abogado le permitió desenvolverse en todo tipo de juicios,
realizando discursos que hasta la actualidad son considerados como
clásicos dentro del género. Cicerón hace de la
palabra un arma eficaz, y su blanco fueron muchos senadores y sus
prácticas consideradas incorrectas. Fue siempre un republicano,
y como tal consideró correcto la defensa de Pompeyo, en pos
de lograr estabilidad marítima, tan importante para el comercio.
El siglo de Cicerón estuvo repleto de tensiones y cambios;
uno de estos es la conformación de un nuevo segmento social,
el orden ecuestre o caballeros, que gracias a la prosperidad económica
se hacen con fortunas que a pesar de no oponerlos a los patricios,
si solicitan cuotas de participación política. Sus demandas
son en pos de representación senatorial y una suerte de “modernización”
del sistema. Esto se oponía a la visión que tradicionalmente
tenía el Senado del Imperio, como algo de exclusividad romana,
pues la ciudad debía ser siempre la más beneficiada
con las provincias, y sólo sus habitantes eran apropiados para
administrarlas. El orden ecuestre se enfrenta al senado en sus ansias
de poder, pues las elites locales también deseaban interferir
en las decisiones. La paulatina incorporación de grupos dirigentes
provinciales se inicia en este período, proceso lento pero
ineludible. Este nuevo grupo social se hace de una identidad nueva,
distinta a la patricia, que se caracterizaba por su sobriedad, en
contraste con un orden ecuestre que buscaba manifestar su riqueza.
Ejemplo de tales ansias de ostentación son la construcción
del mausoleo de Caio Cestio, en Roma, única pirámide
de la ciudad, y el gusto orientalizante que las mujeres adquieren
al adornar sus cuerpos con elementos suntuosos.
El siglo I a.c. estuvo lleno de sobresaltos, pues acogió las
cuatro grandes rebeliones de esclavos. Espartaco encabezó la
de mayor volumen y más sangrienta, en un ambiente de revueltas
y matanzas que generó inseguridad. A la muerte de Cicerón,
el problema ya amaina y los esclavos son controlados, pero estos movimientos
pusieron en jaque la paz del Imperio durante su duración.
El tiempo que habitó Cicerón fue uno enrarecido por
los continuos estallidos de violencia en las provincias y las irrupciones
del sistema social, precipitando una crisis política que acaba
en guerra civil.
Y Cicerón, hombre de gran inteligencia política y capacidad
oratoria, participó activamente de la vida pública romana.
Su manejo de las formas y tiempos del discurso eran perfectos, adaptaba
el contenido a quién estuviese escuchando sin repetir fórmulas
o moldes estructurados. Esta es una característica esencial
en su discurso; la no característica o carencia de elementos
repetitivos en la exposición. Sabía despertar las reacciones
y pasiones del espectador, logrando interesar al público que
lo escuchaba.

Cicerón
hablando en el Senado
Fresco de Cesare Maccari (1840-1919)
Fue
una gran estudioso, hombre de cultura que destacaba en medio de la
pragmática cultura latina. Leía y escribía latín
y griego como pocos de su tiempo, destacando asimismo en la filosofía,
actividad que desarrolló a partir de los pensamientos de Platón,
principalmente, componiendo y difundiendo sus teorías. De energía
desbordante, desplegó a lo largo de su vida gran actividad,
logrando popularidad dentro de las esferas del poder. Su calidad de
persuasión queda demostrada cuando logra que el Senado, contrariado,
concordase en la necesidad de dar a Pompeyo gran poder, cuestión
de la que siempre se buscó rehuir. El Senado comienza a ver
con temor la ascendente autonomía con que se hacen los generales,
y por ende, autorizar la libre actuación de un general era
una concesión casi inédita para la institución.
Cicerón alcanza su momento político más alto
en el 63 a.c. al ser nombrado cónsul, cargo anual escogido
de entre los senadores cuya función era la dirección
de las tropas. Una vez dejado el puesto, volvían a la función
senatorial, denominándose procónsules y ejerciendo como
administradores de una provincia. En el caso de Cicerón, durante
el año de gobierno es cuando desarrolla su idea política
más conocida, defendiéndola de Julio Cesar y posteriormente
también de Pompeyo, quienes esbozaban un accionar político
opuesto a su propuesta.
Un episodio, conocido como la conspiración de Catilinia, es
sofocada exitosamente por el cónsul, comprobando la fortaleza
política de Cicerón. Su proposición política
esencial puede parecer hoy como prudente y criteriosa, pero en su
tiempo no tuvo satisfactoria acogida, lo que le valió ser desprestigiado
hasta el extremo. Su idea, denominada “Consenso de los Hombres
Buenos de Roma” era un acuerdo político entre la aristocracia
y el orden ecuestre encaminado, por un lado, a realizar cambios en
el modo de administrar el imperio. Y los caballeros, por su parte
se comprometían a no apoyar la actuación de los comandantes
en el senado. Este acuerdo restablecía el equilibrio y evitaba
que los militares se hiciesen con el poder, proponiendo solucionar
la crisis imperial a partir de las estructuras ya existentes, es decir,
adaptar y modificar el sistema, pero conservando la importancia del
senado y el sistema del consulado. Pero a los militares no les convenía
resolver la situación desde el mismo régimen, y su oposición
al Senado se hace paulatina bajo la dirección de Julio Cesar
y Pompeyo.
La aparición de grupos políticos nuevos obliga a considerar
el asunto como esencial para establecer la paz dentro de la caótica
situación política, pues el Senado no era capaz de seguir
siendo la directriz del imperio. La idea ciceriana se basaba en el
consenso entre los senadores, quienes a pesar de lo conveniente de
su propuesta, le niegan el apoyo, cimentado así el espacio
para un triunvirato o alianza miliar entre Julio Cesar y Pompeyo.
Como político republicano a favor del consenso, sin prestigio
por enemistarse del apoyo militar, la acción pública
de Cicerón decae notoriamente. No tuvo participación
comprobada en la muerte de Julio Cesar, quien dejó a dos posibles
candidatos para el cargo de emperador; Marco Antonio y el provinciano
Octaviano.
Su apoyo a éste último mediante un convincente discurso,
“Las Filípicas”, fue uno de los mayores errores
políticos de Cicerón. El respaldo otorgado al en teoría
débil e ingenuo sobrino tenía por fin acceder él
mismo al poder; pero no contaba con su desbordante personalidad, que
le hizo imposible deshacerse de su tutela. Incluso en el año
43 Octaviano llega a un acuerdo con Marco Antonio en el que una de
las condiciones para lograr la paz era que Cicerón fuese decapitado.
La orden se cumple y así termina, en las afueras de Roma, la
vida del brillante orador.
El paulatino retroceso político experimentado por Cicerón
le permitió contar con un mayor tiempo para dedicarlo al estudio
y a al reflexión. Es por ello que la mayor y mejor de sus obras
se sitúan en sus dos últimas décadas de vida,
entre el 63 y el 43 a.c. Escribe profusamente ensayos y discursos,
también dedicó tiempo a la filosofía y al intercambio
epistolar. Puede destacarse entre sus escritos fundamentales su ensayo
referente a los oficios, respecto al orador y acerca de la naturaleza
de los dioses. Aprovecha su exilio para dedicarse al estudio y reflexión,
convirtiéndolo en una figura ineludible para el estudio del
latín y del pensamiento político romano. Pude considerársele
una mente que transforma su entorno al destacar principalmente en
tres aspectos:
1) Creó un tipo de hombre público cuyo modelo fue seguido
por los políticos hasta inicios del siglo XX. La vigencia del
estadista que reflexiona sobre su acción -no sólo ejecuta
y ordena- pensando acerca de la mejor forma de ordenar y gobernar.
Cicerón formó esa imagen del político culto,
que escribía y teorizaba sobre diversos aspectos de la sociedad,
perfil que acompañó a Occidente por mucho tiempo, como
baluarte de honradez y ciudadano ejemplar.
2) Fue un escritor magistral, con el mejor latín que nunca
se escribió en Roma, caracterizado por su pureza y gran estilo.
La belleza que plasma en sus textos enseñaron el latín
a miles de generaciones, pues fue objeto de numerosas ediciones. Muchas
naciones se educaron en la escritura con el latín ciceriano,
que sería sinónimo de excelencia.
3) Es el primer hombre de la historia de quien prácticamente
se conoce todo, pues han llegado hasta nosotros la mayor parte de
sus escritos, ya que el convertirse en modelo colaboró para
que fuese constantemente copiado. Sus textos se acompañan de
un extenso epistolario, compuesto por 835 cartas, caso excepcional
que permite conocer las diversas discusiones en que se enfrascó
como senador. Occidente idealizó a Cicerón hasta que
se descubrieron estas cartas en el siglo XIX; hubo muchos que se decepcionaron
de su endiosada figura, pero lo cierto es que este hallazgo le permite
ser mirado por las generaciones posteriores de modo global.