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Artículos de prensa

"La proyección nacional de una comisión imperial:
La Expedición Malaspina en Chile "

Rafael Sagredo Baeza*

En julio de 1786, el intendente de Concepción y futuro gobernador de Chile Ambrosio OHiggins enviaba una carta al secretario del Despacho Universal de Indias de la monarquía española en la que, junto con comentar las exploraciones geográficas del capitán Cook y la presencia del conde de La Pérouse en el Pacífico sur, sugería la organización de una expedición científica hispana destinada a explorar sus posesiones ultramarinas. Entonces escribió que "además de las ventajas de gloria y crédito nacional que debe acarrear una empresa de esta naturaleza", ella sería muy conveniente también para "acercarnos a conocer las naciones que habitan dentro y fuera de la dominación española". Tal vez O'Higgins nunca pensó que, años después y siendo ya gobernador, le correspondería recibir en Chile una expedición científica organizada por España.

Científicos en América

A lo largo del siglo XVIII, y en el contexto del avance de las ciencias y de la competencia imperial, potencias europeas como Inglaterra, Francia y España promovieron y organizaron un gran número de expediciones de exploración, reconocimiento, descubrimiento y estudio de América y del océano Pacífico. La expedición comandada por Alejandro Malaspina constituye el mayor esfuerzo desplegado por España por reconocer sus posesiones coloniales. Así lo demuestran los recursos humanos y materiales invertidos: 204 tripulantes, entre ellos prestigiosos hombres de ciencia, la construcción, y equipamiento de las corbetas Descubierta y Atrevida con los más modernos instrumentos de navegación y medición; su itinerario, que incluyó todos los territorios españoles americanos, las islas del Pacífico, las Filipinas y Australia; su duración, más de cinco años entre julio de 1789 y septiembre de 1794, y los contactos realizados por los europeos, entre ellos, con autoridades coloniales, hombres de ciencia criollos y personalidades locales. Todo lo anterior le permitió a Malaspina y a sus hombres acceder a un cúmulo de información de las más variada naturaleza y que nunca antes se había reunido sobre las colonias españolas de ultramar, noticias que convierten a la comisión ilustrada en una fuente imprescindible para el estudio de la realidad colonial previo a la Independencia.

Recaladas

Al territorio de Chile, Malaspina y sus hombres arribaron en febrero de 1790, cuando fondearon en San Carlos de Chiloé, el actual Ancud. Luego de explorar la isla y alcanzar hasta Castro, los europeos siguieron hacia Talcahuano y Valparaíso, reconociendo de paso la isla de Juan Fernández. En Santiago fueron recibidos por todas las autoridades de la gobernación, así como por la sociedad local, tal como había sucedido en Chiloé y Concepción, y como ocurriría en su próxima escala, Coquimbo. Por ejemplo, sostuvieron encuentros con personalidades de la zona sur como Francisco Garoz, José de Moraleda, Catiguala y Francisco de la Mata Linares, el regidor perpetuo de Santiago Juan José de Santa Cruz, o los ilustrados vecinos de La Serena Víctor Ibáñez Corbera y Tomás Shee.

En cada una de sus recaladas, los marinos y científicos ilustrados de la expedición cumplieron exactamente con su comisión, inquiriendo noticias de cada lugar, realizando mediciones geográficas y observaciones astronómicas, captando escenas y paisajes, organizando excursiones en las inmediaciones de las poblaciones y localidades que visitaban y levantando cartas, planos y mapas de los espacios recorridos.

Los levantamientos hidrográficos efectuados en la isla de Chiloé, Talcahuano, Juan Fernández, Valparaíso y Coquimbo, junto a las cartas terrestres, como la del camino que une Santiago con Mendoza y Buenos Aires al otro lado de la cordillera, constituyen uno de los aportes fundamentales de la expedición, en especial por su precisión en determinar la latitud y la longitud. Pero también porque éstas permitieron a los "chilenos" de la época reconocer su propia realidad espacial y comenzar así a individualizarse e identificarse como "otros", diferentes de los europeos.

Luego de su paso por las costas de Chile, en mayo de 1790 las corbetas siguieron hacia el norte, fondeando en el Callao y Guayaquil. Después de una larga escala en la Nueva España, y de explorar el extremo septentrional de América, se dirigieron a las Filipinas y a Australia para, en noviembre de 1793, recalar nuevamente en Talcahuano en su regreso hacia Europa.

En esa ocasión algunos de sus miembros se dirigieron por tierra hacia la ciudad de Buenos Aires, aprovechando el viaje para explorar más acabadamente el territorio, conocer las costumbres de sus habitantes y apreciar el estado general de la gobernación.

Frontera científica

En sus testimonios sobre Chile, los miembros de la expedición ilustrada lo caracterizan como una frontera científica. Un espacio por reconocer a través del método propio de la ciencia, por aprovechar económicamente gracias al conocimiento que generaría su exploración y estudio. También es apreciado y estudiado en tanto área geográfica que es preciso cautelar militarmente en su condición de primera línea de defensa de las posesiones americanas de España en el Pacífico, cuando no del océano en su totalidad en tanto espacio imperial. Una periferia en la cual comenzaba a cesar, a diluirse, la presencia española en América, con todos sus potenciales riesgos y amenazas.

El conocimiento que los navegantes adquirieron de Chile se muestra bien en numerosos pasajes del diario del comandante Malaspina. Así por ejemplo, una vez que había completado sus observaciones en Coquimbo, y estando listo para seguir hacia el Perú, escribió: "Ya hubiéramos podido emprender de nuevo la continuación del viaje, si la sola hidrografía hubiese sido el objeto de nuestras tareas. Pero el país en el cual nos hallamos, además de contener en sí una cantidad indecible de minas de oro, plata y cobre, había sido también en estos últimos años un objeto de nuevas especulaciones importantes para la monarquía, con descubrir en las minas no distantes de Punitaqui la esperanza de una nueva suministración abundante de azogue, la cual, o alcanzase a reemplazar los beneficios desmayados de Huancavelica, o tal vez diese en lo venidero las crecidas cantidades que la nación solía recibir de los minerales de Alemania".

Si el conocimiento del pasado colonial no pudo evitar que Malaspina escribiera que "Chile es sin duda el país entre todos los que ha conquistado la España en América que más sangre y caudales le ha costado y menos ventajas le ha producido"; la realidad que su expedición le permitió conocer lo llevó a concluir, "empero, el Chile es un país cuyos vecinos no son temibles, cuyos montes y orillas abundan en minas, cuyo suelo y clima son tal vez los más fértiles y favorables para una población crecida. Finalmente, cuyas costas, guarnecidas de buenos puertos, abren al mismo tiempo su seno a una defensa marítima, a un comercio fácil y directo y a unas pescas tan lucrosas como abundantes".

Pero más importante que el conocimiento de la realidad natural y material que la expedición adquirió de América, son las reflexiones y proyecciones que su comandante realizó respecto de las colonias y sus habitantes.

Examinando la realidad política de América, las confusiones existentes sobre sus territorios, los vicios del sistema colonial y los efectos "de una tan grande extensión de dominios sobre la felicidad individual y sobre la verdadera fuerza nacional", Malaspina afirmó: "Era menester decidir estas grandes cuestiones: si el descubrimiento de la América y los accidentes que de él han dimanado hasta el día pueden considerarse como una felicidad para la España actual".

Al preguntarse por la rentabilidad y provecho de la posesión de las colonias, y por los perjuicios derivados de la unión, tanto para las colonias como para la metrópoli, insinuó una emancipación moderada de éstas.

Junto con su proposición de dividirlas en tres grandes espacios interdependientes, se preguntó si esa no sería "una proposición en realidad tan odiosa y temible cual lo parece a primera vista".

Consciente de la necesidad de reformas, sostuvo que las mismas debían fundamentarse "sobre la opinión pública y uniforme del legislador y del que obedece", pues sólo así serían "precisas y agradables al tener por base el convencimiento universal".

Destino americano

Alejandro Malaspina no sólo criticó el régimen colonial, además, reconoció en los americanos el derecho a participar en las decisiones sobre su propio destino.

Habiéndose formado una "idea cabal de lo que son hoy en día nuestras colonias", propuso organizarlas "de tal modo que suministren para su propia defensa y para una cierta moderada progresión de su opulencia, antes de contribuir a la matriz". Así, razonó, "vivificará la industria de las colonias", al paso que disminuirán en mucho los gastos del erario del español. En su opinión, organizándose de este modo cada una de las partes de la monarquía, "y dejados a ellas mismas los medios de atender a su prosperidad local, el orden mismo de las ideas nos guía directamente a desenvolver los derechos legítimos de las colonias y sus deberes sociales entre sí y con la matriz".

Refiriéndose a Chile, y a sus posibilidades de mejorar su situación, afirmó que "sólo con la introducción de una libertad política, que influye directamente en el ciudadano la idea de su sola prosperidad y reproducción", podrá España aumentar la población de ese reino y con ello mejorar sus expectativas económicas.

Malaspina advirtió claramente lo que en definitiva se transformaría en una situación irreversible para la corona española cuando escribió que la lectura de su viaje permitiría descubrir una realidad americana que, inevitablemente, traería como consecuencia "un acelerar las invasiones más temibles de las naciones rivales, o el desmembramiento de sus partes por aquella misma reacción que agita en el día a las sociedades reunidas en los siglos pasados".

Lucidez criolla

Gracias a las experiencias que su viaje le reportó y al contacto que tuvo con las élites criollas, entre otros antecedentes, expuso crudamente la realidad a la que se enfrentaba la corona española. "Pero en el día, sostuvo el marino, en que debemos estar convencidos que la economía es el brazo principal de nuestro sistema, hemos de graduar precisamente nuestras fuerzas con lo que hayamos de conservar, y no empeñarnos en la defensa de unos terrenos que nada valen, sólo porque fueron nuestros y pudieran quitárnoslos de nuevo".

Como puede apreciarse, sus planteamientos no sólo se referían al futuro económico de las colonias americanas. Justamente por el conocimiento que adquirió de la realidad americana, vislumbró su futuro político.

Sin duda una de las más lúcidas de sus proyecciones.

Muestra cabal del valor que la expedición científica que encabezó tiene en tanto fuente de conocimiento de la realidad colonial, entre otras razones, porque ella es producto de haber recogido, e incorporado en sus planteamientos, la opinión de "los americanos".

En efecto, en el proceso de conocer las colonias resultan fundamentales los testimonios que los habitantes de América entregaron a los expedicionarios, así como el quehacer cotidiano, las preocupaciones ordinarias o aspiraciones comunes que, espontáneamente, se ofrecieron a la observación de los europeos.

De este modo, la noción, la representación o la caracterización que los científicos hicieron de las diversas posesiones imperiales y del conjunto son consecuencia tanto de su propia elaboración como de los antecedentes expuestos por sus anfitriones.

Fuentes sudamericanas

Así, y al revés de lo planteado por la mayor parte de la historiografía sobre la Expedición Malaspina, las sociedades americanas y sus pobladores tienen un papel esencial en el proceso de comprenderse y, por tanto, de proyectarse a través de la comisión imperial.

La documentación permite revelar el verdadero papel cumplido por los "americanos" en la iniciativa ilustrada, mostrando cómo, junto con la naturaleza, éstos también deben ser aquilatados como fuentes esenciales de conocimientos y reflexiones y, por qué no, de generadores de ambos en conjunto con los europeos.

Así, se puede modificar la actitud pasiva que normalmente se les atribuye, pues mostraron una lúcida comprensión de su sociedad. Ejemplo de lo afirmado son los planteamientos que el decano del cabildo de Santiago entregó a Malaspina, sobre el fomento de la minería, la explotación pesquera y, en especial, la necesidad de hacer menos precaria la dependencia de este reino del de Perú.

FICHA
La Expedición Malaspina. En la frontera austral del imperio español. Rafael Sagredo Baeza - José Ignacio González Leiva. Centro de Investigaciones Diego Barros Arana y Editorial Universitaria. 2004.

http://diario.elmercurio.com/2004/09/19/artes_y_letras/_portada/noticias/15B944E8-5B31-427B-BB53-CBF11CE49657.htm 23/9/04


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