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Artículos de prensa "El 5 de octubre de 1988 y una historia que continúa"* Fue derrotado en las urnas el propósito del general Pinochet de continuar en el poder. Tres millones 967 mil 579 electores, un 54,99% de los votos emitidos, se pronunció por el No. Entre 1983 y 1986, una intensa movilización social y política tuvo en jaque a la dictadura, pero no logró vencer a un poder blindado por el respaldo de la elite económica, el control de los medios de comunicación, la cohesión de los militares en torno a Augusto Pinochet y su disposición a seguir recurriendo a todos los medios a su alcance -incluso criminales- para sofocar a los opositores. En esas circunstancias, la oposición decidió canalizar su poder social y moral hacia una definición electoral en la cual el uso de la fuerza militar quedara fuera de juego. Así, en torno a la opción de votar No en el plebiscito fijado por el régimen militar para ratificar al dictador en el poder por ocho años más, se fueron congregando a lo largo de 1987 y los primeros meses de 1988, todos los actores políticos y sociales opuestos al continuismo autoritario, aun cuando el temor a la manipulación de las conciencias y de los propios votos desde el poder continuaba latente. Para evitarla, se creó una vasta y eficaz red de control del proceso electoral y de cómputo paralelo basada en una amplia participación ciudadana. Fue así como, bajo la atenta mirada del mundo, el 5 de octubre de 1988, se realizó el plebiscito de sucesión presidencial que se transformaría en el inicio de la transición a la democracia. Fue derrotado en las urnas el propósito del general Pinochet de continuar en el poder. Tres millones 967 mil 579 electores, un 54,99% de los votos emitidos, se pronunció por el No. Un 92,2 % de la población mayor de 18 años se había inscrito en los registros electorales. Ese resultado configuró un escenario de negociación entre la principal coalición opositora y el régimen que hizo posible el restablecimiento de la democracia, pero también fijó sus límites y conservó pesadas tutelas que sólo muy gradualmente se han ido removiendo durante estas dos décadas. Así, todavía se mantiene inalterado el sistema binominal que distorsiona la representatividad del Parlamento, como también permanece incólume la impronta del antiguo régimen sobre normas constitucionales determinantes. La continuación del proceso histórico abierto con el triunfo del No implica hoy remover esos últimos, pero formidables enclaves que siguen obstaculizando los avances políticos y sociales hacia más y mejor democracia. Y por eso, no es casualidad que para lograrlo se esté configurando una unión de voluntades análoga a la que hizo posible ese 5 de octubre de 1988.
*Artículo publicado en LaNacion.cl el 5 de octubre de 2009. **Alfredo Riquelme Segovia, historiador y académico de la UC..
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