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Artículos de prensa “El 11-S y el escenario electoral norteamericano”*
El hecho de que Barack Obama y John McCain se reúnan hoy en Nueva York para conmemorar juntos a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001, es la mejor prueba del carácter aglutinador que ha adquirido esta fecha para la sociedad estadounidense. Tal como la Declaración de Independencia del 4 de julio de 1776 o el ataque japonés a Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941, la tragedia del 11-S ha ganado un espacio significativo como fecha emblemática para la construcción de una identidad nacional común en los Estados Unidos. Bajo el entendido de que las identidades nacionales requieren de constantes esfuerzos de redefinición y adecuación a contextos cambiantes, es que podemos entender la casi inmediata incorporación del 11-S al selecto listado de fechas notables de la historia de los EE.UU. sobre las que se forja la cohesión a nivel del país. En medio de uno de los escenarios electorales más fascinantes de la historia norteamericana, resulta de particular interés observar la actitud que McCain y Obama tengan el día de hoy, séptimo aniversario de la tragedia de Nueva York, Washington y Pennsylvania. No nos debiera llamar la atención una señal de unidad, en la medida en que la intensa lucha electoral no ha tenido al 11-S como foco de disputas. Esta fecha evoca el profundo dolor de toda una sociedad, contribuyendo por ello al reforzamiento generalizado del patriotismo estadounidense. De hecho, debido a la fuerte carga simbólica y unificadora, sería casi un suicidio político polemizar en torno a las causas de tan trágico resultado. Por esto, no sería extraño que el creciente antagonismo y las profundas diferencias entre demócratas y republicanos dieran paso hoy a una suspensión pasajera de la refriega, en pos de reforzar la unidad del país, algo esencial para sostener la propia legitimidad del sistema político. Sin embargo, el 11 de septiembre no deja de ser una fecha polémica, en tanto hito que marca un antes y un después en las relaciones de EE.UU. con el resto del mundo. De hecho, parte importante del debate presidencial se ha concentrado en materias de política internacional vinculadas directamente a lo que el gobierno de Bush definió como la guerra global contra el terrorismo. No hay que olvidar que los lineamientos y principios legitimadores de dicha guerra fueron formulados sólo 10 días después de los atentados del 11-S como consecuencia directa de los mismos. Esto llevó al inicio de campañas militares en Afganistán e Irak, dos procesos bélicos vigentes e impopulares para una porción significativa del pueblo norteamericano, tanto así que la guerra de Irak ha adquirido un peso enorme en el álgido y cada vez más condimentado escenario pre electoral. El propio George Bush debiera anunciar hoy el retiro de 8.000 soldados de Irak para febrero de 2009. Esto no hace más que poner en evidencia que más allá del realce del 11-S como día de unidad, nos situamos ante una fecha que, producto de sus consecuencias inmediatas en el plano militar, tiende, en el fondo, a desunir al pueblo estadounidense, cuestión que se manifiesta con fuerza en el actual escenario electoral. La mejor prueba de ello está en las declaraciones de Obama, quien ya adelantó que las cifras del anuncio que debiera hacer Bush son muy modestas, juicio que seguramente reforzará hoy, día en que los EE.UU. se unen por las víctimas en suelo norteamericano, pero se dividen por los caídos en conflictos que son consecuencia directa del propio 11 de septiembre.
* Publicado en la sección Ideas & Debates del diario La Tercera, jueves 11 de septiembre de 2008. Portada
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