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Artículos de prensa

"La Democracia Cristiana, sus setenta años"

Cristián Gazmuri*

Es común, especialmente en los países latinos, que los partidos políticos cumplan un “ciclo”. Nacen, crecen, algunos llegan al poder y luego declinan en un lapso de algunas décadas. En Chile eso ha sido regla. El ciclo ha podido variar en longitud. A veces, como en los casos del Partido Conservador y Liberal, se ha prolongado un poco más de 100 años; pero en otras ha sido muy corto, como el del Partido Agrario Laborista, que no vivió ni 20.

    En este siglo XX chileno, que ha sido el de la hegemonía de la clase media, creo que hay dos partidos políticos que lo han marcado y que han servido de goznes o pivotes del mundo político de manera sucesiva.

    El primero fue el Partido Radical, fundado en el decenio de 1880, aunque con raíces muy anteriores. Tuvo su período de auge en las décadas de 1920, 1930 y 1940. En esos años no fue sólo el pilar fundamental de la mayoría de las colaiciones de gobierno, sino que impuso sus valores: la política de los consensos, las alianzas, la tolerancia en términos generales.

    El ciclo radical dejó muchas cosas buenas para Chile. La primera, a mi modesto juicio, fue un estricto apego a la democracia; lo segundo, su estilo de concebir (y amar) el país. Dejaron, además, muchas realizaciones concretas. La Corfo, la Endesa, la Enap, entre otras.

    Pero el Partido Radical cayó también en muchos vicios, su programa político no se renovó y desde la década del 50 vino a disputarle el control del centro político el Partido Demócrata Cristiano.

    El PDC, como los radicales, fue y es un partido cuya fuerza electoral está principalmente en la clase media. Nació a comienzos de la década de 1930 entre jóvenes universitarios católicos, algunos excepcionalmente brillantes. Estos estaban asociados en la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos (Anec), la que transformaron de ser un club social a constituirse en un dinámico centro de pensamiento y acción.

    La mayoría de estos estudiantes eran afines al Partido Conservador. Pero cuando pudieron comprobar que la antigua colectividad no representaba para nada sus anhelos de cambio y modernidad, adquirieron fisonomía propia y en 1935 se aglutinaron en el grupo Falange, la que se escindió en definitiva del tronco Pelucón en 1938. Durante dos décadas la Falange fue un grupúsculo dentro del panorama político chileno, pero en 1957, dándose circunstancias favorables, se alió con otros grupos políticos de pensamiento afín, formando el Partido Demócrata Cristiano. Este conglomerado creció desde entonces rápidamente. En un mundo que miraba al futuro, parecía ofrecer soluciones que combinaban los drásticos cambios que se hacían necesarios con la conservación de lo mejor de nuestras tradiciones políticas y culturales. Tenía, además, un conductor de excepción: Eduardo Frei Montalva. Así, en 1964 el Partido Demócrata Cristiano ganaba el gobierno.

    Gobernó solo y, aunque lo hizo bien, allí estuvo, quizás, su gran error. Además, no logró plasmar un modelo económico social definido y diferente del liberalismo y el socialismo, terminando por dividirse.

    Perdió el gobierno en 1970 y después del golpe militar de 1973 el PDC pareció destinado a desaparecer.
Pero eso no ocurrió; cuando hubo nuevamente  libertad política, el PDC resurgió como la principal fuerza del país, firmemente democrático, pero ahora moderado y dispuesto a gobernar con aliados. Así ha dado dos Presidentes más a Chile.

    Sin embargo, hoy cabe preguntarse si su ciclo no ha comenzado su declinación. Las últimas encuestas y resultados electorales demuestran que no representa más de un 18% de chilenos, menos que en 1958. Más grave aún, su doctrina ha parecido diluirse entre un acentuado liberalismo económico y una sorpendente falta de empuje para materializar el cambio político, social y cultural todavía pendiente en Chile después del fin de la dictadura.
La derrota de Andrés Zaldívar en las primarias puede ser el indicio que hacia el futuro el pivote  del mundo político chileno no será la Democracia Cristiana, la que –por otra parte- tampoco desaparecerá rápidamente.

    En todo caso, cabe señalar que si lo que postulamos resulta cierto, el PDC y su gente pueden estar tranquilos. No es arriesgado decir que sus gobiernos (los dos últimos en concertación con el socialismo, los radicales y el PPD) han estado, aunque siendo muy diferentes entre sí, posiblemente entre los mejores de la segunda mitad del siglo XX chileno.

*Cristián Gazmuri es profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

** Artículo publicado en el diario La Tercera.


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