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- Reseñas
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Reseñas "Absurdo
y Sentido de La Guerra" Los corresponsales de guerra han sido una figura del desarrollo de la prensa. Esto ha ido unido, en las ocasiones más logradas, al retrato de la experiencia absurda de la guerra. Pero también, de alguna manera al corresponsal no le es indiferente la contradicción de valores que se enfrentan en las trincheras. Martha Gellhorn (1908-1998) es un ejemplar destacado de este oficio aventurero, peligroso y vertiginoso. Todo esto está muy bien si además está acompañado de una reflexión moral, ojalá de manera tácita, para no caer en tanta beatería circundante. Miles de corresponsales dejaron sus vidas en las guerras del siglo XX. En estos momentos, centenares la pierden en la violencia atomizada y todavía menos heroica de nuestra época. Pero su testimonio, con la necesaria evaluación, es patrimonio de la civilización política, a pesar del escepticismo de Martha en el poder de la prensa. En este libro, Martha Gellhorn - que fue una de las mujeres de Hemingway- , también brilla con luz propia. Aquí se recogen algunas de sus crónicas desde la guerra civil española hasta la guerra centroamericana de los ochenta. ¡Todavía septuagenaria en el mismo oficio y el mismo apasionamiento reflexivo! A ello se suman consideraciones a posteriori y retratos vívidos de experiencias concomitantes a las guerras, como las entrevistas a los desechos humanos, los sobrevivientes de Dachau; o el ambiente en Israel y los países árabes después de la Guerra de los Seis Días. Los escritos rezuman el estado de ánimo ambiguo del frente y de la retaguardia, el temor, el heroísmo callado, la espera angustiosa, las dificultades casi inhumanas de los civiles en la mayoría de los países en guerra. Uno siente el aire febril en un barco hospital frente a las costas de Normandía en los días siguientes al Día D. Su perspectiva de ideas es liberal (en inglés), de raíz norteamericana. Lyndon Johnson y Ronald Reagan aparecen como antihéroes, y el lector deberá evaluar la justicia de sus apreciaciones. Asimismo al hablar de los alemanes ve en todos ellos hechuras del nazismo, casi en inversión paradójica del racismo del Tercer Reich; pero en este sentido revela muy bien las percepciones norteamericanas de la época de la guerra. Con todo, su simpatía con las causas de izquierda no la hace perder su orientación hacia la democracia. Baste con leer las maravillosas páginas sobre la ofensiva soviética en Finlandia, producto del pacto nazi-soviético. También cuando mira con inmensa compasión a los polacos que encuentra en los Cárpatos, pero que han escapado por vía de la URSS, luchando en Africa, pasando por Italia, con la vana esperanza de llegar a su patria antes que los soviéticos. Intenté decirles (en julio de 1944) que no podía creer que esta guerra, que se libraba para mantener los derechos del hombre, concluyese soslayando los derechos de los polacos. Pero yo no soy polaca; pertenezco a un país grande y libre y hablo con el optimismo de aquellos que están permanentemente seguros. Diáfana honradez de una periodista norteamericana enamorada de causas. Ni tan segura estaba. Después de uno de los bombardeos cotidianos en Madrid, unos amigos la llaman, casi por rutina: ¡Uf! Así que no estáis muertos. *Joaquín Fermandois es Profesor del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. **Reseña publicada en la Revista de Libros del diario El Mercurio el 02/09/2000.
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