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Reseñas

"La educación, desde el centro"

Nicolás Cruz, El surgimiento de la educación secundaria pública en Chile. 1843-1876
(El Plan de Estudios Humanista)
. Edición de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana y Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación, Santiago, 2002, 241 págs.

Es en el sistema educacional donde se reflejan las ideas y los proyectos de quienes dirigen una sociedad y donde se plantean los valores en los que desean formar a las nuevas generaciones. Y es también en este ámbito donde emerge la tradicional tensión entre la voluntad de poner en marcha un proyecto educacional determinado y las posibilidades reales de implementarlo.

Específicamente, el trabajo de Nicolás Cruz se concentra en la implementación del Plan de Estudios Humanista, entre 1843 y 1876. Este plan pretendía entregar a los jóvenes –de sexo masculino y pertenecientes a los sectores más acomodados de Santiago y de las principales ciudades de provincia– una educación secundaria que les permitiera ser ciudadanos responsables y comprometidos con el Estado en que vivían. Para ello, se definieron como contenidos centrales la lengua y la literatura de los latinos, que se estudiaban durante una hora, todos los días a lo largo de los seis años que duraba este ciclo de enseñanza. Las otras materias del plan incluían matemática, historia, geografía, lenguas modernas (inglés o francés), filosofía, química y física. Aun cuando se buscó combinar los ramos de carácter humanista con los científicos, se privilegiaron los primeros, pues se entendió que respondían de una manera más adecuada a los objetivos formativos del plan.

Este currículo representó una importante innovación en la educación chilena, pues definió a la enseñanza secundaria como un tramo educacional independiente de los estudios universitarios, los cuales sólo debían formar profesionales. De esta manera, se partió de la base de que el Plan de Estudios Humanista contenía la totalidad de los conocimientos necesarios para formar a un buen ciudadano.

Resulta muy interesante constatar que este programa fue elaborado sin contemplar las opiniones de los representantes de las provincias, quienes hicieron llegar a las autoridades de Santiago diversas contrapropuestas donde subrayaban la necesidad de orientar los contenidos de la enseñanza secundaria hacia los «estudios útiles». Mientras Concepción y Talca propusieron materias vinculadas con la agricultura, y La Serena demandaba contenidos relacionados con la minería, Valparaíso enfatizaba los estudios comerciales. Sin embargo, estas posturas no fueron acogidas, pues se consideró que iban en contra de la idea de que todos los habitantes del país debían tener una educación común y uniforme. Esta ideología centralista marcaría, como sabemos, no sólo a la educación, sino también a la gran mayoría de las iniciativas impulsadas por el Estado hasta nuestros días.

En forma muy clara y a través de detalladas y contundentes evidencias, esta investigación nos entrega un completo panorama de los distintos avances y dificultades que se fueron suscitando en la aplicación del Plan de Estudios Humanista. Entre los primeros, cabe señalar la organización del sistema de liceos en todas las ciudades importantes del país (hacia 1879 ya funcionaban 27); la confección de los textos de enseñanza, que permitió que hacia 1860 cada una de las materias impartidas, al menos en el Instituto Nacional, contara con su respectivo texto, y el sostenido apoyo presupuestario que el Estado le otorgó al plan. Esta última afirmación es para el autor un aspecto altamente rescatable, pues a lo largo de nuestra historia se han visto muchos discursos que no obstante subrayar la importancia de la educación, en la práctica no han destinado los correspondientes recursos financieros.

Entre las diversas dificultades que afectaron el desarrollo del plan, además de los relacionados con la escasez de bibliotecas y laboratorios, encontramos los concernientes al profesorado. A ellos se les exigió enseñar todas las materias, lo que dificultó enormemente el reclutamiento de maestros idóneos. Este sistema fue modificado en 1863 para lograr una mayor especialización entre los profesores y para evitar que tuvieran que impartir materias tan distintas como latín y matemática. En cuanto al siempre complejo tema de las remuneraciones, según las fuentes citadas éstas alcanzaban para satisfacer las necesidades básicas y cualquier incremento que pudiera lograr un maestro en este plano dependía de los «otros trabajos», desarrollados privadamente.

La obra de Nicolás Cruz concluye con un equilibrado balance de la aplicación del plan, donde destaca que más allá de las dificultades de funcionamiento que éste exhibió, los principales cuestionamientos que llevaron a su paulatina reforma, durante la década de 1870, obedecieron a que el énfasis puesto en la enseñanza del latín chocó directamente con los ideales de modernización sustentados por la elite liberal chilena, que optó por privilegiar los idiomas modernos y la matemática.

En suma, uno de los aportes fundamentales y más novedosos de esta obra radica en las concluyentes evidencias que entrega acerca del carácter centralista de la propuesta educativa de la elite, que tanto en el momento de la elaboración del plan como durante su aplicación y posterior reforma, desoyó las voces de las provincias, que demandaban una educación más acorde a sus respectivas realidades locales. Este aspecto sirve no sólo para entender la historia educacional del siglo XIX, sino también para comprender algunos de los principales problemas que afectan a nuestro sistema educacional en la actualidad.

Patricio Bernedo
Facultades de Comunicaciones y de Historia, Geografía y Ciencia Política

Revista Universitaria, Nº 81, septiembre/noviembre, 2003.


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