| TEXTOS DIGITALES |
Portada | Instituto | Estudiantes | Investigación | Extensión | Publicaciones | Textos Digitales | Fortaleciendo vínculos | Noticias |
|
- Reseñas
|
Reseñas
"Los
Silencios de la Edad Media" Publicado en su versión original en francés en 1980, "La mujer en el tiempo de las catedrales" propone una visión de conjunto de la condición femenina en Europa occidental entre los siglos V y XV, período que se ha convenido en llamar Edad Media, utilizándose a menudo la expresión "tiempo de las catedrales" para referirse a la Edad Media central (950-1250). Así, Régine Pernoud señala desde un inicio la atención privilegiada que otorgará a esos tres siglos durante los cuales Europa occidental conoció uno de los desarrollos más destacados de su historia. La organización política y social que adquirió forma entonces nos es difícil de comprender por lo distante que está de nosotros: el feudalismo substituyó a la autoridad pública única por múltiples fuentes de poder que se sustentaban en el servicio personal de carácter militar y la fidelidad de los vasallos a un hombre poderoso quien, a su vez, concedía a éstos un feudo (o propiedad territorial, de donde procede el nombre de feudalismo). En contraste con ese mundo políticamente atomizado, a partir del siglo XI se produce la construcción de un conjunto cultural uniforme sustentado en el cristianismo, el que se implantó en Europa occidental a partir del siglo V. Estos "siglos de oro" de la cristiandad fueron un tiempo feliz desde el punto de vista económico: la producción agrícola creció enormemente y pudo alimentarse a más gente, produciéndose además un florecimiento urbano y comercial. Del extraordinario impulso artístico de la época, el legado más visible son las catedrales, admiradas hasta el día de hoy por millones de turistas. ¿Dónde están las mujeres en esa visión generalmente admitida de la Edad Media? Es lo que pretende mostrar Régine Pernoud, respondiendo a la curiosidad del público aguzada por el movimiento de las mujeres de los años 1970. "Por años y años, los jóvenes franceses aprendieron que el tratado más antiguo de educación era de Rabelais. Nadie les hablaba de Dhuoda", observa la autora haciendo referencia al Renacimiento carolingio ocurrido alrededor del siglo IX, notable por el comienzo de las escuelas y la mayor importancia que se dio a la palabra escrita. Tenía razón: se hablaba de las escuelas y de los autores carolingios sin precisar jamás en qué les concernían éstas a las mujeres o a los hombres. Pernoud expone la instrucción que recibían las niñas pequeñas y los escritos de las elites femeninas que han llegado hasta nosotros; destaca entre ellos el "Manual para mi hijo" escrito por la aristócrata Dhuoda, resumen brillante de los conocimientos que tenían los intelectuales de avanzada del siglo IX. Historiadora formada en la austera Ecole des Chartes, Régine Pernoud se hizo un nombre ante el público en los años 1960. Alrededor de 80 títulos, entre los cuales hay una veintena de best-sellers, atestiguan su innegable talento de divulgadora. Si bien se tomó libertades con la cronología, supo ofrecer un nuevo relato de episodios que se desarrollan alrededor de figuras femeninas legendarias o emblemáticas y que en la actualidad se enseñan desde la escuela primaria. Así, en los reinos germánicos que le ceden lugar a la unidad romana en el transcurso del siglo V, ella pone en escena a la princesa Clotilde, de la que se dice logró la conversión al cristianismo de su esposo, el rey de los francos (cuyas posesiones se extendían al noreste de Francia y Bélgica actuales). Cuando es necesario, la autora amplía su mirada apoyándose en investigaciones arqueológicas que comienzan a centrarse en sitios medievales y que le permiten dar respuesta a preguntas como: ¿en qué consistía el trabajo de la dueña de casa?, ¿qué preparaba para las comidas?, ¿cómo se vestía? El
libro y sus limitaciones En los años 70 en Francia (y más tarde en España), especialistas conocidos por su investigación original comenzaron a colaborar en revistas de historia y programas de televisión. De ellos, los lectores deseaban aprender los descubrimientos más recientes en historia (como también ocurría con la arqueología, astronomía o biología). Por ejemplo, actualmente sabemos que estos pueblos originarios de Europa central y oriental se infiltraron en pequeños grupos y progresivamente en el mundo romano, estableciendo reinos que en el transcurso del siglo V contribuyeron a formar una sociedad mixta y original (proceso análogo a la emergencia de las sociedades americanas y del mestizaje ocurrido a partir del siglo XVI), superándose la antigua visión que la propia Regine Pernoud retransmitía, y que nos hablaba de hordas "bárbaras" que acabaron con el imperio romano de Occidente, vale decir, con la civilización, por muchos siglos. Otras perspectivas importantes también están ausentes en el libro. Por ejemplo, los siglos del feudalismo y de las catedrales en los que se centró la autora conciernen a una Europa que corresponde "grosso modo" a la Francia, Inglaterra, Alemania y Benelux de hoy en día. Pero, vista desde Salerno o Sevilla, la situación no era la misma. Muchos trabajos han permitido reevaluar el papel de estas regiones periféricas de Europa. En particular, las penínsulas italiana e ibérica hacia las cuales se desplazaron el dinamismo y los factores de cambio en la Edad Media tardía (1250-1450) y donde reside la génesis de América Latina. Para reconstituir el espacio cotidiano femenino, Pernoud se apoyó en Eileen Power, historiadora inglesa pionera de la historia económica y social en los años 1920-40, quien dio a las mujeres un lugar en el estudio del pasado, a diferencia de sus colegas medievalistas fundadores de los Annales d' histoire économique et sociale en Francia. En efecto, la Nouvelle histoire, tan aclamada en los años 60, mantuvo el silencio sobre las mujeres. La publicación póstuma de los trabajos de Eileen Power en 1975 bajo el título Medieval Women señala el momento en que las cosas empiezan a cambiar, comenzándose a escribir la historia de las mujeres en los años que rodean la aparición del libro de Pernoud. En esta empresa, los medievalistas ocuparon de inmediato un lugar importante. Limitémonos a hablar de Francia donde Georges Duby, en conjunto con Michelle Perrot, toma la iniciativa de escribir una obra colectiva llamada L'histoire des femmes. Duby fue uno de los más grandes historiadores de su generación y Perrot, especialista en el mundo obrero del siglo XIX, figura de proa de la historia de las mujeres en Francia. Ellos confiaron el volumen sobre la Edad Media a Christiane Klapisch-Zuber, especialista en demografía y antropología histórica. Sólo diez años separan a "La mujer en el tiempo de las catedrales" de Moyen Age, volumen II de la Histoire des femmes, que fue inmediatamente traducido al español. ¡Partiendo de una misma exigencia, cuánto camino recorrido entre ambos libros! En primer lugar, se han multiplicado los estudios de casos que han sacado a la luz la complejidad del pasado en femenino y acabado con una visión reduccionista del protagonismo histórico de "la" mujer. Las mujeres constituyen en conjunto un género distinto al masculino; al mismo tiempo, la diversidad de su experiencia vuelve a hacer un corte en la de los grupos sociales, étnicos y de edad, según regiones y épocas. Tales estudios sobre mujeres han conferido un nuevo interés al estudio de las "mujeres ilustres", al señalar los límites a los que estaba circunscrita la vida de las demás que las rodeaban. El estudio de Dhuoda, anteriormente mencionado, demuestra cómo trascendió o transgredió los límites que se le imponían en aquel entonces a su sexo (historiadoras latinoamericanas han demostrado lo mismo a través del estudio de la figura de Sor Juana Inés de la Cruz, religiosa agustiniana que fue una teóloga y poetisa de primer orden de la Nueva España barroca). El libro de Pernoud mezcla, a propósito de las mujeres, las nociones de poder, de influencia o de posición. ¿Se quiere hablar de que el ejercicio de la autoridad política se aliaba en ocasiones a un rango social elevado?, ¿de derechos y responsabilidades definidos por el derecho o la costumbre?, ¿de estrategias desplegadas por ciertas mujeres para conquistar una mayor autonomía o sacar provecho de una situación? Es evidente que nos encontramos, de acuerdo a los casos, frente a registros fundamentalmente distintos. Establecer esas distinciones ha sido importante para la historia de las mujeres porque la noción de poder nos remite a algo que no ha variado desde los tiempos prehistóricos: la subordinación de un sexo al otro. Fundamental ha sido el rigor crítico aplicado por medievalistas historiadores de las mujeres al estudio de otra categoría formada por las parejas antitéticas de público-privado y cultura-naturaleza en el pensamiento de Aristóteles, retomado por Santo Tomás de Aquino a fines del siglo XIII. De acuerdo a éste, público y cultura son del orden masculino, en tanto que privado y naturaleza recaen en el femenino. Las consideraciones de Pernoud sobre el ejercicio del poder que "no les impedía ser plenamente mujeres" dicen mucho sobre el sello que la visión aristotélica y tomista dejó en la cultura occidental. Al contrario de esta construcción mental que asimila los hombres a la esfera pública, estudios recientes sobre varias sociedades y épocas demuestran que el hogar ha sido la esfera en la que se ejerce de manera más inmediata la autoridad masculina (y también donde es primeramente disputada). ¿Retroceso
de la mujer? De la tesis de Pernoud la historia de las mujeres ha conservado, sin embargo, unaintuición pertinente: el progreso para las mujeres no derivó sencillamente, como la historiografía lo había postulado, de avances realizados en el ámbito del derecho, de la economía o de la creación intelectual y artística. ¿Qué significó, por ejemplo, para las mujeres, el llamado Renacimiento de Europa occidental en el siglo XVI? Los progresos en su instrucción y su acceso al saber se produjeron posteriormente tras la Reforma y Contrarreforma y de una manera más perceptible en el siglo XVIII (esto es válido también para América). Por lo tanto, sobre temas que conciernen a las mujeres, conviene a menudo ver en conjunto la Edad Media y los comienzos de la época moderna. Equivale a proponer una nueva periodización a partir de nuevos conocimientos sobre el pasado y a invalidar generalizaciones apresuradas basadas en datos relativos a la mitad masculina de la historia. Al
fin de cuentas, lo que legitimó la historia de las mujeres fue
su exigencia crítica, la que hace un buen trabajo de historia.
Esa misma exigencia la llevó a enfrentar el silencio de las mujeres
en la Edad media. De su enseñanza en el Collge de France, George
Duby sacará en 1995 tres pequeños volúmenes (luego
traducidos al español) sobre las Dames du XIIe sicle - aquellas
esposas o parientes de los grandes señores feudales- , donde
expone un punto sobre el que los demás medievalistas están
de acuerdo: esas damas nos son dadas a conocer a través del filtro
masculino de las fuentes. Para saber algo acerca de ellas, hay que identificar
en primer lugar quiénes escribieron. Ahora bien, son hombres
de iglesia a quienes el papado les impone la obligación del celibato
y de castidad. Los clérigos hablan de seres que no conocen o
de muy lejos, se apoderan de chismes sobre los que trabaja su imaginación,
ya sea para exaltar o para vilipendiar al género femenino. Las
fuentes no nos dan de las mujeres más que las imágenes
que se hacían de ellas ciertos hombres. Antes del siglo XIV,
se oyen pocas voces de mujeres y éstas no hablan de sí
mismas; tampoco existen documentos en serie que nos permitan acceder
alternativamente al pasado femenino. Si se desea conocer un pasado verdaderamente
humano porque es el de hombres y mujeres, es necesario aceptar lo que
Michelle Perrot llamó "el reparto desigual de las huellas" entre
ellos.
Anne Pérotin-Dumon Anne Pérotin-Dumon es profesora visitante del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile. *Artículo publicado en El Mercurio el 10/12/2000.
Portada
© 1996-2007 Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica
de Chile |