Capilla del Colegio Verbo Divino |
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Se halla emplazada en la parte frontal del establecimiento, como un volumen hermético y dominante sobre un plano de césped verde. Desde el exterior se aprecia el edificio a través de un cerco bajo compuesto por piezas tubulares de 1.20 m. de altura dispuestas irregularmente a lo largo de la calle. Un volumen monolítico compuesto por planos quebrados que aumentan la masividad del edificio hace que su función no sea fácilmente evidenciable, a ello contribuye también la ausencia de un elemento simbólico como una cruz o un campanario, tal cual se había previsto en el proyecto.
Todos los muros están trabajados en hormigón y contienen unos pequeños salientes en forma de diamante perfectamente alineados, cuya sombra proyectada define su textura. El plegamiento de los muros aumenta la verticalidad del edificio y cada paño parece dividirse en seis cuerpos horizontales a través de unas finas líneas de cantería que también aparecen en el interior, como marcando su modulación constructiva. El conjunto está delimitado por un zócalo y un dintel de idénticas dimensiones que parecen enmarcar los muros y lo remata la cubierta central que sobresale como un volumen interior. Su resolución responde a un estricto manejo geométrico al que se sujetan no sólo muros y cubierta sino también, bancos, altar, escaleras, puertas, etc.
El ingreso se hace por la puerta principal del colegio, haciendo un recorrido en U. Se accede primeramente a una pequeña explanada que se dirige hacia los ambientes del colegio, luego se desvía hacia la izquierda por una senda que alcanza el lado posterior del volumen, para tras un nuevo giro a la izquierda enfrentar la puerta de ingreso al templo. Este recorrido brinda la posibilidad de apreciar esta arquitectura a distintas escalas y ángulos de aproximación.
El ingreso está precedido por una plataforma de 15 cm de alto que discurre acompañando la marquesina que se proyecta desde las otras edificaciones del colegio. La puerta ocupa la base del plano sur del volumen, se trata de un rectángulo de madera apaisado, enmarcado por una ventana continua que la amplía visualmente e ilumina la zona de ingreso. Ya en el interior hay una corta vicera de madera sobre su dintel que modula la luz y establece una ambigŸedad exterior interior, por tratarse de un elemento arquitectónico típicamente externo.
Atravesado el umbral se ingresa a un ámbito bajo definido por el coro ubicado en el segundo piso y limitado por cuatro pilares metálicos de color negro situados al frente de la puerta. A ambos lados se han dispuesto las escaleras de acceso al coro, reforzando la simetría del conjunto. El coro define el umbral de la iglesia como una prolongación de la marquesina exterior. Todo el interior del templo está tratado en un color claro, casi blanco que permite apreciar el reflejo de los vitrales; en contraste, el cielo metálico y el piso de granito son de color negro.
Su planta está resuelta en base a un hexágono de 20 m. de lado en el que se ha inscrito otro hexágono menor que define la cubierta central del edificio. Pese a su forma, se percibe el predominio de un eje norte - sud que une el ingreso y el altar emplazados a ambos extremos y que sirve de base para el tratamiento simétrico de los elementos interiores como las escaleras, puertas, vitrales, mobiliario, pilares, etc. Salvo los muros frontal y posterior, cada cara del hexágono está compuesta por seis planos verticales de hormigón armado que se pliegan formando en planta una línea quebrada, en tanto que los ángulos formados por los lados del hexágono se invierten hacia adentro dando lugar a unos planos mayores en los que se disponen los vitrales y puertas secundarias. En planta, estos quiebres mayores forman unos trapezoides que son utilizados en algunos casos como aberturas para iluminar el subsuelo, donde se hallan la sacristía y una pequeña cripta y en otros simplemente son dejados como una plataforma que señala la geometría primaria del edificio.
Obra de A.C. Winternitzlag, estos vitrales se disponen coincidiendo con cada uno de los ángulos del hexágono y se elevan verticalmente cubriendo toda la altura de los muros. Como es propio en estos casos, se representa diversos pasajes del evangelio, siendo singular el predominio de un color según la orientación de su plano. No se ha empleado para su elaboración los perfiles de plomo con que habitualmente se unen las piezas de vidrio, sino que estas se disponen en una suerte de placas de cemento de muy poco espesor soportadas por un emparrillado metálico cada 0.90 m.. Este detalle redunda en el efecto monolítico del exterior, donde la presencia del vidrio apenas es perceptible.
La cubierta es horizontal y está compuesta por una estereoestructura metálica cuyo perímetro hexagonal está rodeado por un plano de menor altura que hace las veces de un dintel sobre el que se soporta. A diferencia de otras estructuras espaciales como esta, que sólo comprenden las piezas lineales de soporte, aquí se introduce dentro de cada módulo triangular unas tramas cuadradas que crean un efecto de profundidad visual y de gran estabilidad.
El muro de fondo está perforado por unas aberturas rectangulares que flanquean el altar y contienen sendas puertas de hormigón armado que se abaten sobre su eje central estableciendo los únicos puntos de contacto visual con el exterior. Por ellas penetra la luz blanca que juega en armoniosos reflejos combinados con el azul de los vitrales. El proyecto preveía algo parecido a unas mamparas frente a estas puertas, que habrían eliminado este efecto. Por su parte el presbiterio surge como un elemento central y aislado respecto del muro testero, del que se separa debido a una abertura en el piso por la que descienden dos escaleras que conectan con el subsuelo, donde se halla la sacristía. La imagen de un cristo de bronce que se suspende en el aire sobre el púlpito refuerza el aura de misticismo que rodea el templo.
Información proporcionada
por:
Fernando Pérez. Facultad de Arquitectura y Bellas Artes. 1994
Fuente
Investigación FONDECYT: Medio Siglo de Arquitectura en Chile a través
de sus Iglesias y Capillas. Fernando Pérez. Facultad de Arquitectura
y Bellas Artes.